martes, 12 de diciembre de 2017

Capítulo 198: “Summertime Sadness”. Lana Del Rey. (2012)



Deprimartes vintage:

Con no mucho esta señorita se ha posicionado en la escena musical de los últimos años. Sólo con el hecho de ser distinta, que justamente no es poco: “Bésame fuerte antes de irte, tengo esa tristeza de verano. Amor, sólo quería que supieras que tú eres lo mejor que me pasó”. Hay muchas cosas a tener en cuenta cuando hablamos de la obra de Lana Del Rey. Por empezar, siempre que nos invita a participar de su aventura musical nos lleva a una época distinta; a un pasado donde la alegría sí era duradera. Todo lo referente a ella se ve como si transcurriera en la década del ’50, lo cual la convirtió rápidamente en un ícono de la estética vintage. Pero también es una especialista en transmitir una tristeza tan honda que asusta, de ese tipo de tristeza que tiene sus raíces en nuestra infancia, y de la que nacen todos los traumas que nos corroen el espíritu por el resto de nuestras vidas.

La melancolía reina en cada una de sus canciones. Ha construido su carrera musical sobre un sonido muy característico, siempre evocativo; creando una atmósfera que nos hace abandonar un presente en el cual puede ocurrir algo malo en cualquier momento, y a pensar que todo tiempo pasado fue mejor: “Tengo puesto mi vestido rojo esta noche y estoy bailando en la oscuridad, bajo la pálida luz de la Luna. Me hice un peinado bien alto, al estilo de las reinas de los concursos de belleza. Me quité los tacones, y me siento viva”. Cuando baila, se contonea como una muñeca con el alma rota. Ni siquiera la mejor dibujada de sus sonrisas parece poder ocultar esa cicatriz que le traspasa el alma. En todos sus videoclips se adivina que la felicidad no es más que un instante pasajero. En varios de ellos se la ve en compañía de varones bastante entrados en años, dando clara cuenta de que Lana tiene varios asuntos irresueltos con la imagen paterna. Carcomida por los demonios de sus propias inseguridades, necesita cobijarse bajo el ala de una fuerte figura masculina. Y nunca ocultó la tremenda lucha que tuvo que afrontar para superar su adicción al alcohol. Será por eso tal vez que en sus videos solemos encontrarla envuelta en tinieblas, abrazada por sus propias nubes de tormenta.  

“Tengo esa tristeza de verano. Me siento eléctrica esta noche. Por la ruta hacia la costa a toda velocidad, llevo a esa angelical mala influencia justo a mi lado. Sé que si hoy debe ser mi tiempo de morir, al menos moriré feliz esta noche”. Pero esta vez se la ve juguetear con el amor, el cual encontró en la figura de una amiga íntima. Y como parece ocurrir con todo en el universo musical de esta niña, obviamente este amor tampoco podía terminar bien: “Oh, Dios mío, lo siento en el aire, los cables telefónicos que cruzan el cielo están cimbrando como si fueran un redoblante. Cariño, me siento en llamas; lo siento en todas partes, no logro que ya nada me asuste”. Como cereza del postre aparece la idea del suicidio, infaltable en toda esta mescolanza nostálgica. “Recuerda, siempre te amaré. Adiós”. El videoclip comenzó con esa voz difusa y lejana en un mensaje de despedida, que es lo único que queda de ese amor prohibido y sellado para siempre con un pacto de muerte. Antes de saltar al vacío, Lana le deja ese último recordatorio a su amiga de aventuras, y luego se suicida como quien lo hace sólo para saber cómo se sentiría hacerlo. Lo de Lana es arte puro. Esperemos que su estrella tarde mucho en apagarse. ¡Feliz Deprimartes!


martes, 5 de diciembre de 2017

Capítulo 197: “Teach Your Children”. Crosby, Stills & Nash. (1970)



Deprimartes educado:

Promediando la segunda mitad de la década del ’60, David Crosby, además de terminar siendo el ídolo de Barney Gómez en Los Simpson –aunque Barney ni siquiera supiera que su ídolo es músico-, tuvo una carrera muy exitosa siendo parte de The Byrds; la banda californiana que electrificó la música de Bob Dylan. Mientras tanto, Stephen Stills dejaba su puesto al frente de esa gran agrupación de Folk Rock que fue Buffalo Springfield. Y finalmente Graham Nash terminaba por cansarse de las tensiones que existían en ese enorme grupo británico en el que participaba, The Hollies. Así que estaba todo dado para que a estos tres talentosos y ya famosos artistas el destino los uniera en una amistad musical tremendamente exitosa a lo largo de más de cinco décadas. Y por si esto fuera poco, de tanto en tanto se les sumaba para conformar un cuarteto esa leyenda que es Neil Young, uno de los más grandes compositores e intérpretes de la historia del Rock. Se reunieron esporádicamente siendo cuatro, tres y hasta dos, siempre derrochando talento; y de semejantes reuniones no podía menos que esperarse canciones que dijeran cosas de este calibre: “Tú que andas por el camino de la vida, debes tener un código a través del cual puedas vivir y así convertirte en lo que estás destinados a ser. Porque el pasado está tan sólo a un adiós de distancia. Así que educa bien a tus hijos, hazles saber que el infierno que tuvieron que vivir sus padres de a poco se fue desvaneciendo. Y aliméntalos con tus sueños, apoyalos en aquellos que elijan, y que tú reconocerás como propios”. Si bien sabían hacer un muy buen Rock de sonido valvular, tan típico de los años ’70, siempre fueron conocidos por sus hermosos acoples de voces en contratono; que los llevaron a presentarse en el mítico festival hippie de Woodstock. Y también tenían esa propensión a contar historias en sus letras, lo cual, junto con las armonías vocales eran aportes valiosísimos que el Folk supo darle al Rock & Roll. Con este tema musical enaltecen esas dos características en esta pequeña lección de vida que nos cantan en menos de dos minutos y medio: “Nunca les preguntes por qué, ya que si te dijeran la razón te pondrías a llorar. Así que sólo míralos y suspira, y entiende que ellos te aman”. 


Sin duda alguna, ser padre no es una tarea para nada fácil. Nadie llega preparado a ese momento, y no existe un solo libro que te diga exactamente como hacerlo. El desconocimiento de esta labor hace que sea aún más valeroso el hecho de animarse a llevar adelante la crianza de una nueva vida, de depositar en esa pequeña porción de futuro nuestras esperanzas, y también -¿por qué no?- nuestras frustraciones. Será por eso que dicen que si nuestro hijos nos odian es porque estamos haciendo un buen trabajo como padres… Tal vez por esa sensación de pelea perdida de antemano es que yo mismo he decidido no emprender semejante empresa. Pero lo que pocas veces se dice es que tampoco es nada fácil ser un hijo: “Y tú, el de los años mozos, no puedes conocer los miedos con que tuvieron que crecer tus mayores. Así que, por favor, ayúdalos con tu juventud; ya que ellos buscan hallar la verdad antes de que los encuentre la muerte”. Es muy difícil comprender que la vida es un camino de dos vías, y que uno enseña tanto como aprende. Las marcas que dejamos en la vida de nuestros padres también es indeleble, y lo mucho que como niños podemos despertar en las almas adormecidas de cualquier adulto puede alegrarles más de un día. Mientras crecemos, ni siquiera reparamos en cuánto bien podemos hacerle a nuestros mayores. En definitiva, nuestros padres, al igual que nuestros hijos, también son nuestra responsabilidad: “Educa bien a tus padres, hazles saber que el infierno que les toque atravesar a sus hijos de a poco se irá desvaneciendo. Tú también aliméntalos con tus sueños, apoyalos en aquellos que hayan elegido, y que tú reconocerás como propios”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 28 de noviembre de 2017

Capítulo 196: “Road To Nowhere”. Talking Heads. (1985)



Deprimartes encaminado:

"Quería escribir una canción que representara una mirada resignada pero alegre sobre nuestro destino, sobre nuestra muerte, sobre el Apocalipsis" dijo David Byrne sobre esta canción. Y creo que dio en el clavo. Existe más de una manera a través de la cual el ser humano puede lidiar con el hecho de considerar su finitud en esta Tierra. Una de ellas es el humor. Y otra es la religión. Y en esta canción encontramos una extraña mezcla de ambas, lo cual hace que la letra adquiera una ironía filosa si interpretamos que se nos está hablando en ella de todo el discurso litúrgico en que se basa cualquier credo: “Bueno, nosotros sabemos adónde vamos, pero no sabemos adónde hemos estado. Y sabemos muy bien lo que ya conocemos, pero no podemos decir lo que hemos visto. Y ya no somos unos niños pequeños, y sabemos lo que queremos. El futuro va a llegar sin duda alguna, sólo dennos tiempo para hacernos a la idea”. Palabras más, palabras menos, cualquier religión que se precie de tal manifiesta el mismo espíritu mistérico a través del cual se nos dice mucho… Pero no se nos revela nada. Todos parecen tener la verdad, sólo que no pueden explicarla con palabras… En fin…

“Sí, estamos en camino a ningún lugar, vengan con nosotros. Tratando de subirnos este viaje a ningún lugar, nos subiremos a ese viaje”. El ciclo de la vida aparece reflejado en algunas secuencias del videoclip de esta canción. Las luchas, los encuentros, las búsquedas, la realización de una familia. Todo da la sensación de un permanente movimiento. Es común pensar que la vida es un camino que hay que recorrer, pero nadie sabe a ciencia cierta el destino de ese viaje. Sólo sabemos que algún día se va a terminar, y para ayudarnos con la angustia de esa ignorancia muchos prefieren imaginar que al final de la ruta se encuentra un lugar paradisíaco aguardándonos para que podamos descansar eternamente. Para reforzar estas ideas imaginarias y reconfortantes, el discurso que suele reinar entre los acólitos de estos grupos suele sonar parecido a esto: “Me siento muy bien esta mañana, ya sabes; estamos de camino al Paraíso. Aquí vamos, aquí vamos”.

Los Talking Heads supieron posicionarse en la década del ’80 como una banda identificada con un tipo de Rock pensado para el público adulto, con un sonido limpio, agradable y unas letras de esas que hasta te pueden dejar pensando. Es muy valorable que hayan logrado ocupar ese nicho en una época en la cual primaba la subcultura juvenil. Y al frente de esta interesante y muy exitosa banda estuvo David Byrne, un artista con un amplísimo gusto musical; que no sólo incursionó en experimentos electrónicos y hasta operísticos sino que es uno de los pocos rockeros, junto con Paul Simon, que se ha fanatizado con los ritmos afros y latinos: “Tal vez te preguntes adónde estás. A mí no me importa eso, porque aquí es donde el tiempo está de nuestro lado. Te llevaremos ahí”.


Volviendo a las temáticas espirituales, aparte del proselitismo acérrimo, digamos que un “sine qua non” de estas lides es la aparición de las alucinaciones místicas; como las descriptas en este fragmento de la letra: “Hay una ciudad en mi mente, ven rápido y súbete a este viaje, y todo estará bien. Y es un lugar que queda muy lejos, pero día a día está creciendo; y entonces todo estará bien. ¿Te gustaría venir y unirte a nuestro viaje? Puedes ayudarme a cantar esta canción, todo estará bien”. Y a pesar de tanta histeria colectiva, siempre habrá alguien que pueda detener su andar, contemplar la gran rueda de hámster en la que estuvo corriendo durante años, y pronunciar palabras que bien podrían ser las de cualquier desencantado de la vida describiendo las innumerables prédicas que ha tenido que escuchar provinientes de un púlpito: “Pueden decirte qué hacer, pero sólo con eso te convertirán en un tonto. Y para ti igualmente todo estará bien”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 21 de noviembre de 2017

Capítulo 195: “Nights On White Satin”. The Moody Blues. (1967)



Deprimartes satinados:

El Rock Sinfónico, junto con el Progresivo, son las dos mejores y más elaboradas variantes de la historia del Rock. Nacen de la necesidad de aplicarle algún tipo de método a la locura experimental del Rock Psicodélico, y en su afán de lograr la aprobación artística de la crítica “seria” se acercan a las fórmulas de la música clásica; utilizando una orquesta como acompañamiento. Y uno de los primeros pasos –sino el primero- que dio el Rock Sinfónico se debió a un engaño. La compañía discográfica Decca necesitaba probar los nuevos equipos para grabar en estéreo que había adquirido, y para ello tuvo la idea de ejecutar una pieza de música clásica en la versión de una banda de Rock y con una orquesta de fondo. Los elegidos para esta tarea fueron los entonces ascendentes The Moody Blues, quienes ni bien se hacen cargo del proyecto convencen a su productor de usar la orquesta para grabar un material conceptual que habían estado preparando; sin que la discográfica se entere de lo que estaban haciendo. Por suerte les salió bien, porque grabaron uno de los mejores discos de 1967 -el mejor año del Rock- como fue el álbum “Days Of Future Passed”; y la compañía estuvo más que feliz con esta extraña mezcla entre la música orquestal y la inventiva de artistas psicodélicos. Como final de esta gran obra tenemos el tema que hoy nos ocupa, el mayor éxito de la banda, con una letra enigmática y que parece estar poblada de sentimientos amargos: “Noches en satén blanco, que nunca llegan a su final. Cartas que he escrito, y que nunca quise enviar”.

Increíble amalgama entre sonidos de orquesta, coro, una banda de rock, y un mellotrón. El mellotrón se acciona con un teclado como el del piano, y al tocar cada tecla se reproducen cintas magnetofónicas con sonidos pregrabados; como instrumentos de orquesta o ritmos. Su uso en la introducción de flautas del tema “Strawberry Fields Forever” de The Beatles lo catapultó a la fama y lo convirtió en un sinónimo del sonido psicodélico. Aquí es usado para adornar la bella melodía de esta canción con fraseos de violines entre los versos cantados, resaltando todavía más ese aire de angustia que predomina en la letra por un amor no correspondido: “Belleza que siempre me he perdido con estos ojos anteriormente, ya no podré decir la verdad acerca de lo que me pasa. Porque te amo, sí te amo. Oh, cómo te amo”.


Es imposible no mencionar que del riñón de esta banda surgió Denny Laine, quien durante diez años fuera el único compañero de ruta que les aguantó todo el viaje a Paul y Linda McCartney en esa aventura post-Beatle que fue la banda “Wings”. Y aunque para cuando grabaron este clásico Denny ya no estaba con ellos, The Moody Blues superaron su partida y dejaron para la posteridad esta postal de una época donde la música sonaba como salida de un extraño sueño: “Contemplando a la gente, veo que algunos van tomados de la mano; y ninguno de ellos puede entender por lo que estoy atravesando. Algunos tratan de decirme cosas con argumentos que no pueden defender, como eso de que todo aquello que quieras ser, eso serás en el final”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 14 de noviembre de 2017

Capítulo 194: “I Fought The Law”. The Clash. (1979)



Deprimartes delincuente:

Largo camino ha tenido esta canción a través de la historia del Rock. Fue escrita por Sonny Curtis en 1959, quien a los 21 años tuvo la casi imposible tarea de ocupar el lugar del fallecido Buddy Holly en su banda The Crickets. Pero ganó popularidad en la década del ‘60 de la mano de la banda Bobby Fuller Four, quienes llegaron a tocarla en televisión. Seguiría siendo versionada con gran regularidad por varias bandas hasta bien entrado el Siglo XXI, entre las que destaca sin duda el cover que hicieron los Green Day en 2004. Pero quienes se encargaron de inmortalizar esta canción fueron The Clash, representantes de un género que por fin pretendo abarcar hoy: “Partiendo rocas bajo el sol caliente, luché contra la Ley y la Ley ganó. Luché contra la Ley y la Ley ganó. Necesitaba dinero porque ya no me quedaba nada”.

Además de su carácter delictivo, la simplicidad de la letra ayuda mucho a que este tema esté tan identificado con el Punk Rock. Y es que no hubo absolutamente nada ni por asomo elaborado en el Punk. Tal vez por eso sea que lo detesto con toda mi alma: “Dejé a mi nena, y me siento tan mal. Supongo que mi carrera se ha terminado. Porque ella es la mejor chica que conocí”. Pero hay que reconocerle su enorme importancia. Devenido de la sensación de empalagamiento que estaba generando un ya hiperproducido Rock Sinfónico y Progresivo, el Punk fue la primera vez en que el Rock pateó el tablero. Asqueados de tanta canción incantable de cuarenta minutos, con interminables solos de instrumentos poco clasificables, y con letras que parece que no sabían hablar de otra cosa que no fueran espadas, dragones y hadas, la gente que originó el movimiento Punk en Inglaterra pretendió rebelarse contra todo, como nunca antes se había hecho en la música. Y quisieron borrar lo anterior de un plumazo y comenzar de nuevo. El Punk fue un estallido de furia. Un grito de rabia ante el disgusto de ver en qué había convertido el mundo esa generación que supuestamente iba a cambiar el mundo. Su consigna básica era “No Future (No hay futuro)”. Y, por supuesto, como todo grito, está destinado a no durar mucho; mucho menos aún si no se auguraba un futuro para sí mismo. En sólo dos o tres años, esa rebelión había sido reorientada a una búsqueda más estructurada de los orígenes del Rock, convirtiéndose en la New Wave que intentaba sonar como en los años ’50; para ser luego absorbida en el mundo del videoclip de la recientemente fundada MTV. Hoy, se podría decir que el Punk sobrevive, aunque no es más que una pantomima de sí mismo.

Si bien entonces ese grito fue corto, fue muy poderoso; y dejó un resonante eco en el aire. Porque el Punk ejerció una increíble influencia en artístas talentosísimos, con nombres de la talla de The Police o U2 sólo por mencionar unos ejemplos; que gracias a ese movimiento se vieron inspirados a comenzar sus carreras musicales. Y aunque prácticamente nunca hayan tocado algo siquiera similar a esto, muchos de los músicos que sucedieron al Punk coinciden en que esa fue la chispa que encendió sus motores musicales: “Robando gente con mi revólver, luché contra la Ley y la Ley ganó. Luché contra la Ley y la Ley ganó. Terminé por perder a mi chica y mis ganas de vivir”. Comparado con nombres como Sex Pistols en el Reino Unido, o como Ramones y New York Dolls del otro lado del Atlántico, The Clash cuentan con un plus que hace que prácticamente no se los pueda considerar como una banda Punk. Y es que la banda liderada por Joe Strummer se diferenciaba de todas las otras en el hecho de tener convicciones y adoptar claras posiciones políticas en sus letras, y en el hecho de no llevar como bandera aquello de que “No hay futuro”. Tal vez por eso duraron bastante más que el propio movimiento que los tuvo como protagonistas… ¡Feliz Deprimartes!

martes, 7 de noviembre de 2017

Capítulo 193: “Pandora’s Box”. Orchestral Manoeuvres In The Dark. (1991)



Deprimartes encajonado:

Orchestral Manoeuvres In The Dark, mejor conocidos como OMD, son un dúo conformado por el tecladista Paul Humphreys y el cantante y bajista Andy McCluskey. Su importancia dentro de la New Wave es tal que son reconocidos por intentar amalgamar una raíz rockera con el recientemente aparecido Pop de sintetizadores; y también por experimentar sonoramente –por ejemplo, McCluskey toca con un bajo para diestros, pero con las cuerdas al revés, como si se tratara de un instrumento de zurdo-; todo esto sin descuidar las letras de sus canciones, lo cual les ha generado una base de acólitos que los idolatran.  Con este videoclip homenajean desde su mismo inicio al cine mudo, ya que comienza mostrando intertextos; tal como se hacía para graficar los diálogos en los primeros años de la industria cinematográfica. Y allí se nos cuenta la historia de la estrella de cine Louise Brooks, pero más interesante es como esta canción nos cuenta esa misma historia, ya que le agrega sentimientos: “Nacida en Kansas, en un lugar como cualquier otro, te fuiste corriendo a Nueva York; pero terminaste por escaparte de tu propia fama. Tan sólo a los diecisiete años viste cómo todos tus sueños se hacían realidad, aunque lo único que tú realmente deseabas era alguien que te desvistiera”.

Si hubo una década que reconfiguró todo el Siglo XX, y probablemente el resto de la historia de la Humanidad, esa fue la década del ’60. Aún hoy vivimos entre los estertores de las libertades conquistadas en esos años. Pero si hubo otra época del último siglo que casi podría comparársele, esa fue la década del ’20; o como muchos prefieren llamarlos, los Locos Años Veinte. Hagamos un poco de contexto: ya había terminado la Primera Guerra Mundial –en ese entonces no sabían que iban a tener que numerarla, así que sólo la llamaron la Gran Guerra-, y los soldados norteamericanos regresaron a casa con algunas cosas que aprendieron en suelo francés. Allí conocieron chicas que tenían un desdén por las normas establecidas, que se comportaban de manera particularmente provocadora, y que vivían su sexualidad de una forma bastante desprejuiciada; como si intentaran todo el tiempo trasgredir todo lo impuesto. Y ese modo de vida cruzó el Atlántico cuando los soldados volvieron a su país. Esto originó en América el estereotipo de la chica “flapper”, una hermosa fémina con el típico corte de pelo “bobcut”, que comenzaba a usar faldas demasiado cortas para su época, y que además de bailar charleston realizaba con desparpajo muchas actividades consideradas estrictamente masculinas, como beber alcohol, fumar o conducir. Y Louise Brooks fue una de las máximas exponentes de este tipo de vampiresas. Tal fue su hermosura, que en uno de los mejores libros que he leído en mi vida, “La invención de Morel” de Adolfo Bioy Casares, el autor reconoce que el objeto del deseo del protagonista de la novela es una mujer que está basada expresamente en la señorita Brooks: “Y todas las estrellas que besaste no pudieron apagar el dolor. Continuas teniendo tu gracia aunque tu cara haya cambiado; aún eres tú misma”. Hermosísima, fue de niña víctima de abuso sexual, lo cual la hizo buscar siempre amores retorcidos –llegó a ser amante del gran Charles Chaplin-, y logró una fama por la cual se terminó sintiendo asfixiada, hecho por el que renunció a su carrera actoral muy joven. Nunca se reencontró con las mieles del éxito: “Y todavía queda un largo, largo camino hacia el lugar donde quieres estar. Queda un largo, largo camino; demasiado largo, pero estás demasiado enceguecida como para verlo”.

La película que hizo famosa a Louise fue “Pandora’s Box”, filmada en la Alemania pre-nazi, y es una obra famosa por la forma explícita en la que aborda la sensualidad de la protagonista, incluyendo las primeras escenas de amor lésbico de la historia del cine. El filme expone la sexualidad desbocada de una joven, que le atrae desdichas a cuantos la rodean y caen bajo su embrujo; como si fueran víctimas de la catarata de males que se desmadra de la caja abierta por aquella primera mujer de la historia griega, el “regalo” con el que Zeus quiso vengarse de los hombres por sus faltas: “Una imagen silenciosa de una divina inocencia. Es una creación peligrosa cuando fallas la prueba del paso del tiempo. Y todas esas fotografías de tus fantasmas de antaño, todavía te lastiman y no te dejan en paz; y tú todavía no te das cuenta de que queda un largo, largo camino”. Y ocurrió que al llegar al poder Adolf Hitler, éste intentó borrar la película de la historia del cine por considerarla indecorosa. Es con esta idea en mente que a lo largo de todo el video McCluskey blande una tijera en sus manos, mientras recorta una y otra vez la imagen de Louise. Su obra fue redescubierta varios años después por críticos franceses, quienes la convirtieron en un ícono estético de aquella época de gloria.

Louise Brooks vivió la vida a tope, y supo ser feliz en sus años de juventud. Como última imagen del video llega a adivinarse esa leve sonrisa que aún nos da cuenta de su hermosura en los que fueron sus días viviendo una época de felicidad fulgurante. Luego fue prohibida, desdeñada, y posteriormente rescatada; pero al final de sus días la muerte la encontró viviendo sola, y recordando lo que alguna vez supo ser: “Cuando miras a tu alrededor, ¿reconocés a aquella chica? La que rompió miles de corazones, y que tuvo el mundo a sus pies”. De eso se trata la vida, es un viaje a través de cumbres y precipicios que deberíamos saber disfrutar, porque al final de ese viaje sólo nos aguarda el sueño eterno y el olvido al que nos condena un mundo que simplemente sigue dando vueltas sin que le importe nuestra ausencia. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 31 de octubre de 2017

Capítulo 192: “Show Me The Way”. Peter Frampton. (1975)



“Me pregunto cómo te sentirás, ya que tengo este zumbido en mis oídos; y no tengo a quién preguntarle por ti, excepto al mar. ¿En quién puedo creer? Estoy de rodillas en el suelo, porque creo que tiene que haber una fuerza superior a quien pueda al menos llamar por teléfono”. Peter Frampton ha quedado en la memoria como una especie de símbolo del sonido de los años ’70, y en mucho de esto tiene que ver la edición de su disco “Frampton Comes Alive!”, que ha resultado un éxito tan impresionante tanto en ventas como para la crítica; que aún hoy es considerado uno de los mejores y más vendidos álbumes en vivo de la historia del Rock. En esto mucho tiene que ver el cuidadísimo sonido que se conseguía en vivo durante esa época, en la cual ya se había establecido la importancia de los ingenieros de sonidos a la hora de grabar música. Hay grandes ejemplos de lo exitosas que eran las grabaciones en vivo de esos años, y la estrella ascendente de Peter Frampton supo aprovechar este formato para posicionarse en la cima de la popularidad, que por entonces podía rivalizar sin problemas con artistas como los Bee Gees, nada menos: “Las estrellas ya están brillando, pero yo lo único que quiero saber es si tú me mostrarías el camino. Quiero que tú me muestres el camino todos los días”. Y una de las herramientas que ayudó a Frampton a logra su éxito fue el uso de un efecto llamado “Talk Box”, que consistía en un pedal del cual salía una manguera cuyo extremo había que colocar atado junto al micrófono con el que se cantaba. Al accionar el pedal, el sonido de la guitarra se transmitía por la manguera hasta la boca del cantante, y de esta manera se podía vocalizar con el sonido de las cuerdas, logrando que la guitarra pudiera hablar. Fue tan importante el éxito que Peter logró con este efecto, que por entonces el pedal pasó a ser conocido directamente como el “Framptone”.

Tecnicismos aparte, hablemos de la letra de esta canción, quizás su más grande éxito. Peter parece perdido por estar alejado de la persona a quien más ama. Pero por momentos no parece tener demasiado en claro a quién le habla. Sus devaneos líricos lo llevan a hacer piruetas semánticas de gusto discutible, y en más de una ocasión uno se pregunta: ¿le está hablando a su amor o su Dios? Pero finalmente, y por interesante que pueda parecer la ambigüedad, parece que la intriga no dura tanto: “Me pregunto si no estaré soñando, porque me siento sin ningún tipo de vergüenza ahora; no puedo creer que esto me esté pasando a mí. Te observo mientras duermes, y entonces quiero tomar tu amor”. Finalmente lo averiguamos: le habla a la mujer amada.

Aún me conmueven la potencia y la claridad del sonido de los equipos valvulares de los años ’70, y lo maravillosamente bien que sonaba toda la música de aquella época. Luego, y tal vez por una simple cuestión de evolución, la siguiente década patearía el tablero y todo se convertiría en sintetizadores y en cajas de ritmos. Pero en las emisoras de Frecuencia Modulada aún seguirían sonando los éxitos pensados para aquellos que sabemos escuchar música como ésta: “Bueno, no puedo encontrar las razones por las que vives con los nervios de punta. Cuando a alguien se le cae un vaso, yo siento que me hundo. Estoy nadando en círculos, siento que me estoy deprimiendo; tiene que haber algún otro tonto que pueda ocupar mi lugar. Alguien podrá pensar que esto es una forma de sanar, pero en realidad todo lo que yo quiero es que tú me muestres el camino”. Aún hoy me recuerdo muy niño, aburriéndome en alguna reunión familiar; y con mi padre prestándome las llaves de su auto para poder irme a dormir allí dentro. No tuve mejor idea que sintonizar la radio para conciliar el sueño, y escuché música increíble que salía de una estación FM; se trataba de Soft Rock de mediados de los ‘70. Por mucho tiempo creí que “FM” era un artista que hacía canciones grandiosas. Y luego me reencontré con esta música, en mi adolescencia, cuando por accidente escuché de corrido “Sultans Of Swing” de Dire Straits, “Hotel California” de Eagles, “My Sweet Lord” de George Harrison en otra gran radio FM de Rock para adultos. Imposible no sucumbir al encanto de esta música. Que así sea… ¡Feliz Deprimartes!

martes, 24 de octubre de 2017

Capítulo 191: “Patience”. Guns N’ Roses. (1989)



Deprimartes aplacador:

Debo reconocerlo: siempre he tenido problemas con Guns N’ Roses. En su momento, no me gustaron para nada; pero aún así el mundo se deshacía en elogios por lo que muchos consideran todavía hoy como “la última gran banda de Rock & Roll”. Y a base de ponerle empeño, fui entendiendo lo que la gente decía. Siguen sin ser de mi agrado, pero hoy me es evidente el por qué ocupan el lugar que ocupan en la historia de la música moderna. Su potencia, sumada a la autenticidad de su postura de “Rock Stars”, los han vuelto una banda fundamental en el oído de cualquier melómano rockero. La inconfundible voz de Axl Rose, sumados a la base que supieron darle Izzy Stradlin, Duff McKagan y Steven Adler, y por sobre todas las cosas el brillo enceguedecor de la guitarra principal de Slash; hacen que el sonido de esta banda esa reconocible en cualquier parte del planeta. Se cansaron de vender millonadas de discos con álbumes como Appetite For Destruction y Use Your Illusion I y II, imprescindibles en el cambio de década de 1980 a 1990. De ellos se desprenden hits poderosos y de riffs bien frontales, pero aún así sabían cuando detenerse a pensar y ensayar un ejercicio acústico como éste: “Se me escapa una lágrima porque te extraño, pero siento que todavía puedo sonreír. Nena, ahora pienso en ti cada día. Hubo un tiempo en que no me sentía seguro, pero tú haces que mi mente se tranquilice. No hay dudas de que ahora estás en mi corazón. Mujer, te dije que te lo tomaras con calma; las cosas se resolverán por sí mismas. Lo único que necesitamos es un poco de paciencia. Cariño, te dije que fuéramos lento; y volveríamos a estar juntos. Tan sólo necesitamos un poco de paciencia. Oh, sí”. Aún en esta versión desenchufada de sí mismos no pueden disimular la enorme potencia rockera que siempre los caracterizó.

“Me fui a sentar en las escaleras porque quería estar solo. Si no puedo estar contigo ahora mismo, entonces esperaré. A veces me pongo tan tenso, pero no puedo acelerar el paso del tiempo. Y ya sabes, amor, hay más de una cosa que tenemos que considerar. Mujer, te dije que te lo tomaras con calma; las cosas van a estar bien. Tú y yo podríamos ser un poco pacientes. Cariño, te dije que te tomaras tu tiempo; porque las luces están brillando y tú y yo tenemos lo que se necesita para arreglar esto. No vamos a fingir, no permitiremos que esto se rompa. Porque sé que podemos con esto”. El video de esta canción me ha llevado a cavilar sobre algo tan vago como esos episodios pasajeros de la vida, esos pequeños encuentros furtivos que se desvanecen en el olvido; y que suelen darse en las habitaciones y los pasillos de un hotel. Pocos lugares hay como éste –otro ejemplo bien podría ser el de un aeropuerto- donde uno se entrecruza con gente con la cual jamás compartirá más que un simple intercambio de miradas, y eso en el mejor de los casos. En el videoclip esto está tan bien reflejado que lleva a la reflexión sobre la futilidad y el vacío en que se sumerge la vida cuando el viaje es continuo, como en el caso de los músicos que viven de gira. Debe ser difícil sobrellevar esa última sensación de desarraigo, de nunca estar en casa, como para encima tener que considerar situaciones tales como una separación amorosa. Supongo que este tipo de circunstancias desequilibran a más de uno, y ni qué hablar de una estrella de Rock; que suelen ser personas con mentalidades problemáticas y con tendencias al abuso de estupefacientes. Si hay algo que no los caracteriza, es la paciencia… Será por eso tal vez que es común oír noticias acerca de rockeros generando incidentes en habitaciones de hotel:  “Necesitamos un poco de paciencia… Sólo un poco de paciencia”.

La autoría de esta canción le pertenece al guitarra rítmica Izzy Stradlin, y en su lograda letra se trasluce una cierta madurez; de esas que se logran luego de atravesar una crisis amorosa tras otra. No todos tienen una actitud cuasi budista como para lograr la tranquilidad necesaria para superar las adversidades. Y es que en eso parece radicar el gran secreto como para salir del abismo. Ante un desastre, lo primero que hay que hacer es respirar y conseguir la calma para pensar con claridad. A veces, para que una pareja se recomponga, es imprescindible estar solos por un tiempo, y repensar las cosas a la distancia: “He estado caminando por estas calles en la noche, tratando de entender lo que nos pasa. Pero es difícil darse cuenta con tanta gente alrededor, tú sabes que no me gustan las multitudes. Pero las calles no cambian, excepto por su nombre; y yo no tengo tiempo para este juego. Porque te necesito. Te necesito ahora”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 17 de octubre de 2017

Capítulo 190: “River Man”. Nick Drake. (1969)



Deprimartes fluvial:

“Betty vino por su propio camino, y dijo que tenía algo que contarme acerca de las cosas que pasan hoy en día; y de las hojas que ya han caído. Dijo que no había estado escuchando las noticias, no tuvo tiempo de decidir en qué manera iba a perder; pero aún creía”. Si hay una joya escondida en el arcón del Rock, esa joya se llama Nick Drake. Artista absolutamente incomprendido por los habitantes de la era en que le tocó vivir, muy de a poco su brevísima obra fue abriéndose paso en el talento de otros numerosos artistas de renombre; que reconocían a viva voz la influencia de los versos oscuros de este poeta maldito: “Voy a ver al hombre del río, le voy a contar todo lo que sé acerca del plan para la época de las lilas. Si él me dice todo lo que sabe acerca de la manera en que fluye su río, espero que la noche se muestre en todo su esplendor de verano”.

Aún hoy hay debates encendidos sobre qué querían decir sus rimas. Y si eran enrevesadas sus letras, ni qué hablar de las afinaciones enfermizas con las que le gustaba trabajar. Drake tensaba y destensaba las cuerdas de su guitarra para lograr configuraciones muy poco ortodoxas, intentando dibujar acordes de sonidos extraños y arracimados; siempre inquietantes para el oído. Y cuando se daba el gusto de tocar con una afinación regular, como en esta canción, sacaba algún otro truco de su manga como para sonar de manera casi inclasificable. Este tema está arpegiado en un ritmo de 5/4, algo muy poco común para una canción a ejecutar con una simple guitarra; lo cual le da al ritmo esa sensación de avanzar torpemente: “Betty me dijo que hoy estuvo rezando para que el cielo despejara, o tal vez rezaba para que se quedara nublado; ella no estaba segura. Porque cuando pensaba en la lluvia de verano viniéndole a su mente una y otra vez, ella dejaba de sufrir y se quedaba esperando por más”.

Tan desapercibido pasó Nick por esta vida que no existe filmación alguna de su desempeño profesional. Sólo tenemos fotos de él, y los testimonios de la gente que llegó a compartir algún momento de su vida; entre los que prevalece la coincidencia de pensar que en realidad nadie lo conocía demasiado. Híper retraído, con una personalidad críptica, detestaba tocar en público y dar entrevistas. Tal vez éstas hayan sido razones de peso para que fuera prácticamente un desconocido: “Voy a ver al hombre del río, le voy a contar todo lo que sé acerca de la prohibición de sentirse libre. Si él me dice todo lo que sabe acerca de la manera en que fluye su río, entonces me daré cuenta de que esto no es para mí”. Nick, luego de editar tres discos que casi no se vendieron, se dio por vencido. Era una persona con una tendencia natural a la depresión, así que con tan sólo veintiséis años renunció a todo y se fue a vivir por un último tiempo a casa de sus padres. Allí murió una trasnoche de una sobredosis de somníferos, se fue a dormir y jamás se despertó. Quizás aún esté soñando con el plan que tenía para la época de las lilas... Y si su muerte fue un accidente o algo premeditado, es el último misterio con que suele dejarnos pensando todo potencial suicida.

Lo dicho, no hay imágenes en movimiento del buen Nick en su vida adulta. Y este videoclip, hecho con motivo de un relanzamiento de su discografía, está compuesto tan sólo por fotos suyas… Pero detengámonos un segundo para ver el rostro que aparece en esas fotos. Es el rostro de un niño. De un niño perdido, un niño que contempla la vida y no la entiende. O que simplemente, no le gusta. Tal vez a ese niño le parezca que hay demasiado dolor en este mundo lleno de gente como para poder disfrutar de una felicidad que se le revela a cuentagotas. Contemplando su figura taciturna, en blanco y negro y más allá del tiempo, uno siente unas ganas desgarradoras de correr a darle un abrazo. Sea por la razón que sea, conocer la obra de Nick Drake es un trago agridulce; pero me alegro tanto de que el torbellino del olvido no se haya devorado su nombre, junto con el de todas esas personas anónimas que lo ignoraron y a quienes él veía ir y venir sin prestarle la más mínima atención al dolor que él sentía: “Oh, cómo van y vienen…”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 10 de octubre de 2017

Capítulo 189: “Thank U”. Alanis Morissette. (1998)



Deprimartes agradecido:

“Y qué tal si dejo de tomar esos antibióticos. Qué tal si ya dejo de comer cuando estoy llena. Qué hay con esas zanahorias transparentes colgando. Y qué hay con ese siempre elusivo ‘tendría qué haber hecho tal cosa’”. Siempre fue un hermoso gesto de justicia por parte de la vida misma que alguien tan talentoso como Alanis Morissette haya tenido un éxito tan arrollador. Esta compositora canadiense se ha caracterizado por siempre intentar decir algo en sus letras. Y vaya que lo ha hecho: “Y qué tal si ya dejo de culparte a ti por todo. Y qué tal si empiezo a disfrutar el momento de una buena vez. Qué hay de lo bien que se sentirá por fin perdonarte por todo. Qué tal si sufro por todo de un solo tirón”.

Con tan sólo veinte años editó el disco Jagged Little Pill, el cual gracias a sus letras es un emblema de la ansiedad que la juventud presentaba en la década del ’90; y por su lograda música es considerado uno de álbumes que más se han vendido en toda la historia. Y Alanis tuvo la madurez necesaria, a tan corta edad, de saber dónde buscar equilibrio y consejo para seguir su vida sin que la fama se le subiera a la cabeza. Así que, luego de finalizada la larga gira de su álbum, se fue a la India. Y de allí volvió llena de gratitud: “Gracias India. Gracias terror. Gracias desilusión. Gracias fragilidad. Gracias consecuencias. Gracias, gracias silencio”.

“El momento en que pude dejar ir las cosas, fue el momento en que tenía más de lo que podía manejar. El momento en que me alejé de un salto de todo fue el momento en que toqué el suelo”. Esta letra refleja un profundo viaje de autoconocimiento. Recuerdo que en un libro de Carlos González Vallés leí que la India es un acelerador de procesos espirituales. Y eso queda claro en esta canción, ya que los agradecimientos no están dirigidos hacia sentimientos o ideas netamente positivas, sino todo lo contrario. Alanis le agradece al terror, a la desilusión, al silencio, a la nada misma… Eso es madurez. Madurez para aceptar que de todo lo malo que nos pase también podemos aprender algo. Por siniestra que se nos vuelva la noche, alguna idea siempre alumbra nuestra mente para llegar vivos a ver el siguiente amanecer: “Gracias India. Gracias a la Divina Providencia. Gracias desilusión. Gracias nada misma. Gracias claridad. Gracias, gracias silencio”.


Debe de haber algo más que esta simple realidad. Es innegable nuestra necesidad de continuar la búsqueda, de no quedarnos con aquello que nos dicen que es la simple realidad. Y cuando volvemos de esa búsqueda tan personal, volvemos con más cosas; pero no materiales. Volvemos más sabios, más llenos de matices. Desnudar el alma, tal como hace figurativamente Alanis en el videoclip de esta canción, es dotar de vestimentas multicolores nuestra mente. Es aprender que todo es distinto de como nosotros lo habíamos aprendido. Desaprender es aprender algo nuevo. Es comprender que, en último caso, y con mayor o menor suerte, todos estamos en algún tipo de búsqueda: “Qué tal dejar de ser masoquista. Qué tal si empiezo a recordar tu carácter divino. Qué tal si gritas sin vergüenza hasta que sientas que se te salen los ojos. Qué tal si no creemos que es lo mismo la muerte al hecho de que todo se termine”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 3 de octubre de 2017

Capítulo 188: “Tainted Love”. Soft Cell. (1981)



Deprimartes contaminado:

Este tema es un éxito del año 1964 del sello Motown, en la voz de la cantante negra Gloria Jones –la misma que fuera novia del líder de T-Rex, Marc Bolan, y que estuviera conduciendo el automóvil en el accidente en el cual murió este glamoroso músico-, pero no fue sino hasta la versión de Soft Cell que ganó fama internacional. Aún hoy continúa siendo el éxito más grande que tuvo este dúo de Synth Pop, el que prácticamente nunca pudo repetir: “A veces siento que tengo que salir corriendo, tengo que escaparme de todo el dolor con que llenas mi corazón. Este amor que compartimos no parece ir a ninguna parte, y siento como si hubiera perdido toda mi luz, ya que no hago más que dar vueltas en la cama sin poderme dormir”.

El sonido electrónico de esta reversión es casi un símbolo de esos primeros años de la MTV y del nacimiento de la era de los videoclips ficcionados –aquellos en que a los músicos no sólo se los ve tocando frente a una audiencia, sino también actuando-. Y en este caso vemos al líder del dúo, el histriónico Marc Almond, disfrazado como una suerte de emperador romano, haciéndose abanicar por un eunuco negro mientras toma el té con una celosa y molesta novia de vestido victoriano. Dave Ball, el otro integrante del grupo, aparece como un jugador de cricket con un visible corte en su cara, trayendo a una niñita para llevarla ante el cantante, quien parece hablarle en la letra a esta pequeña niña: “Una vez corrí hacia ti, ahora correré para huir de ti y de este amor contaminado que me has estado dando. Te brindé todo lo que un muchacho podría darte. Tu te apoderas hasta de mis lágrimas, y parece que aún quieres más. Esto es un amor contaminado”. Todo tiene un tufillo demasiado pederasta para mi gusto. Ha habido toda una gama de interpretaciones de este video, pero mi preferida es aquella que reza que todo lo ocurrido en el terreno de la música y los videoclips de esos primeros años ’80 puede explicarse con una sola frase: grandes cantidades de cocaína.

El emperador va a columpiarse mientras deja a la niña jugando con pirañas… Este más que extraño videoclip nos grafica el trato cruel que los mayores pueden llegar a prodigarle a un niño. Hablando de manera metafórica, es en mayor o menor medida lo que hacen todos los padres. Pero, bueno; ¿quién podría culparlos? En definitiva no existe un manual de cómo ser buen padre, y más de uno de ellos no hace más que llevar adelante la crianza de sus hijos como si estuviera movilizado por un compendio de sus propias frustraciones; frente a la sonrisa incomprensiva de esos ojos de niño que lo idolatran: “Ahora sé que tengo que salir corriendo, tengo que huir. Tu no quieres que las cosas entre nosotros estén bien, sólo necesitas alguien que te sostenga firmemente. Y crees que el amor es algo a lo que hay que rezarle todos los días. Bien, lo siento, pero yo no rezo de esa manera”.


Polémicas aparte, lo que puede rescatarse de la letra de esta canción es que el amor, por maravilloso que sea, tiene escondido entre sus dobleces esa condición tan suya de morboso y retorcido. La forma en que nos lastima lo convierte en algo adictivo: “No me toques, por favor; no puedo soportar la manera en que me seduces. Te amo aunque me lastimas demasiado, así que empacaré mis cosas y me largaré de aquí”. Y en este segmento de la letra está la raíz misma del amor. No queremos que nos dañen pero no podemos soportar que no lo hagan, así que luego de exigir a los gritos que no lo toquen, el cantante susurra: “Tócame, nena, con tu amor contaminado”. En fin… ¡Feliz Deprimartes!

martes, 26 de septiembre de 2017

Capítulo 187: “Beautiful Ones”. Suede. (1996)



Deprimartes bello:

“Oh, aquí viene la gente hermosa, la gente hermosa”. En los años ’80 The Smiths era la gran banda de la música independiente británica, pero desgraciadamente Morrisey y Johnny Marr, sus integrantes más importantes, se odiaban y por eso decidieron disolverse. Su lugar fue ocupado por un grupo llamado The Stone Roses, que en su álbum debut lograban una mezcla estilizada y exitosa de las tendencias musicales de la época. Pero diversos problemas con su sello discográfico no les permitieron sacar un disco durante más de cinco años, y esa pausa, sumada al surgimiento del Grunge del otro lado del Atlántico, desesperó a la escena musical inglesa, que necesitaba algo con qué llenar su vacío. Y allí es donde aparece Suede, cuyo sonido limpio y de raíces en los años ’60 terminaría por configurar al naciente Britpop. Y el grupo de Brett Anderson ocupó el trono de este movimiento –al menos hasta que aparecieron Blur y Oasis- cantándole a esa gente especial que uno ve dirigiéndose a los boliches cada fin de semana: “Drogados con diesel y gasolina, se mueven como psicóticos con lo que salga de una caja de ritmos. Sacudiendo sus partes al paso de los temas de moda. Se trasvisten y se comportan como yonkis y suicidas, pero siempre corren a esconderse tras el traje de Papito, manchándole otra vez la reputación”.

En cada época ha habido, y siempre habrá, una casta de gentuza a la cual la sociedad posiciona como ejemplos a seguir. Es la gente de moda, son los ganadores; los que siempre aparecen ante los flashes de las cámaras para guiarnos con respecto a qué es lo que usa, qué es lo que escucha, y qué es lo que dice ese círculo exclusivo conformado por los elegidos por los cánones de belleza establecidos: “Destrozados, amontonados como locos, psicópatas del sexo gracias al pegamento, se pierden si les ofreces drogas de calidad. Cabezas rapadas, cabezas de fiesta con pastillas, tienen demasiado tiempo libre, y por eso se meten en bandas de música y en pandillas callejeras”. Aquí tenemos una interesante síntesis de los lugares comunes en los que solían caer estos habitantes de la noche: drogas sintéticas, fiestas electrónicas, música de moda, trasgresiones en forma de poses y estereotipos forzados, ambigüedad sexual, etc. Todos desafíos que suelen buscar aquellos que viven sus pocos años mozos como si nunca se fueran a terminar. Lo curioso es que esta canción es de mediados de la década de los '90... ¡Y pareciera estar hablando de gente que uno puede encontrarse hoy en día!: “No piensas en las consecuencias, lo haces con todas tus fuerzas, porque eres una más de la gente hermosa. Y si tu amor por mí te está enloqueciendo, esto es en lo que me convertiste”.


Ya he mencionado algo tan consabido como el hecho de que junto con la Era del Rock vino consigo el culto a la eterna juventud. La sociedad de consumo aprovecha ese idilio que la estética pareciera tener con la que supuestamente es nuestra mejor época, y nos bombardea con imágenes de lo que en teoría los demás esperan ver en nosotros cuando sus miradas se encuentren con nuestra estampa: “Amados y hundidos, ellos pasan el rato colocados en una ciudad solitaria, sacudiendo sus carnes al ritmo de la música”. Por alguna razón, estoy contento de ya no ser joven desde hace muchos años… Con todos sus bemoles, la juventud está muy sobrevalorada. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 19 de septiembre de 2017

Capítulo 186: “Carolina In My Mind”. James Taylor. (1968)



Deprimartes desterrado:

Si hay algo que jamás vamos a comprender aquellos que no hayamos sufrido algún tipo de ostracismo, es el desarraigo. Estar lejos del lugar que una persona llama “hogar”, a veces por un tiempo, muchas otras veces de manera permanente, debe de ser como aprender a vivir cada día con un desgarro que nunca cicatriza en el corazón. No por nada uno de los castigos más severos de la antigüedad era el destierro: “En mi mente, siempre me voy a Carolina. ¿Puedes ver el Sol brillando? ¿Puedes sentir la luz de Luna? Es como si un amigo te reconociera y te diera un empujón afectuoso en la calle. Así es, siempre me voy a Carolina en mi mente”. Vivo en una extraña y hermosa tierra que ha sido bendecida por varias oleadas de inmigrantes que nos han mezclado y remezclado hasta hacer de nosotros lo que hoy somos. Y en una de las últimas olas migratorias importantes, vinieron nuestros abuelos, olvidando por la fuerza una Europa arrasada. En los ojos de mis propios abuelos pude adivinar aquello tan difícil que debieron atravesar al tener que abandonar el terruño que los vio nacer, y adonde inevitablemente cada persona se deja un pedazo del corazón. Las generaciones que nos antecedieron, y que dejaron su hogar y sus afectos de la niñez detrás suyo, lo hicieron para venir a darnos a sus descendientes un futuro más prometedor; muchas veces escapando del hambre, muchas veces escapando de las guerras que convertían sus pueblitos colmados de juegos de niños en barreales aceitosos y llenos de escombros.

“Karen, ella es como un sol de plata. Aléjate un poco y mírala brillar. Mírala observar cómo se acerca el amanecer. Y ahora se me escapa una lágrima plateada, estoy llorando; ¿no es cierto?”. Quien canta y enjuaga sus lágrimas mientras lo hace no es otro que el gran James Taylor, talentosísimo exponente del Folk; y probablemente el fichaje más importante que alguna vez hubiera hecho Apple, la discográfica de The Beatles, quienes le editaron su primer disco. A lo largo de los años logró armar una hilera de éxitos que volvieron su nombre lo suficientemente importante como aprender a reírse de sí mismo, y terminar cantándole en el espacio a Homero Simpson cuando éste se volvió astronauta. En esta canción le toca a él recordar ese pedacito de tierra de sus primero años al que siempre vuelve cuando cierra los ojos, cosa que hacemos todos a medida que los meses se nos van acumulando en el calendario: “No hay duda en la mente de nadie de que el amor es lo mejor que existe, así que susúrrame algo suave y agradable. Y ahora, mira, nena; el cielo está en llamas. Me estoy muriendo, ¿no es cierto?”.


A medida que la vejez va reclamando nuestros días, no es extraño que aquellos que dejaron sus raíces muy muy lejos sientan el llamado a emprender ese último viaje de autoconocimiento, para rendirle un homenaje a sus propios antepasados y a la vida que no pudieron vivir: “Anoche, en el medio de la oscuridad más silenciosa, creo que llegué a escuchar el llamado de la autopista. Los gansos volaban y los perros ladraban y mordían, signos que bien podrían haber sido una predicción diciéndome que me vaya a Carolina en mi mente”. No siempre lo que encuentran es lo que desearían, y por eso es sabio tener en cuenta aquel viejo dicho que reza: “nunca vuelvas al lugar en el que fuiste feliz”. Pero, la sangre tira, y el corazón debe afrontar una última prueba para saldar deudas con el pasado... Y a veces, sólo a veces, termina valiendo la pena: “Y ahora, con el espíritu sagrado de los antepasados que me rodean, todavía siento que estoy en el lado oscuro de la Luna. Y me parece que esto podría seguir así para siempre. Así que deberás perdonarme si me levanto y me voy a Carolina en mi mente”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 12 de septiembre de 2017

Capítulo 185: “Pink”. Aerosmith. (1997)



Deprimartes sonrosado:

“El rosado es como el rojo, pero no tan fuerte”, nos dice Steven Tyler; la boca más grande del Rock & Roll. Es increíble que un ser humano con unas facciones tan particulares haya tenido una hija cuya hermosura fue digna de retratar en la pantalla grande a una princesa elfa. Y aquí lo vemos a este bocón, como a lo largo de toda su carrera, al frente de esa banda de casi cinco décadas de carrera que ha sido Aerosmith. Con la guitarra de Joe Perry como apuesta segura a la hora de rockear en grande, esta agrupación siempre ha tenido idas y venidas, pero nunca dejó de estar presente en los charts. Tal es así que es una de las bandas norteamericanas de mayor volumen de ventas de la historia del Rock. Y más allá de los excesos que han tenido, como toda buena estrella musical, para ellos la vida también ha sido color de rosa: “El color rosado es mi nueva obsesión, con el rosado ni siquiera tengo dudas. El rosado en los labios de tu amante, porque el amor es de color rosa cuando recién lo descubres”.

“Rosado, como el brillo que corona tu cereza; rosado, porque tú eres tan especial. El rosado es el color de la pasión, porque hoy simplemente se ha puesto de moda”. El videoclip de esta canción está filmado con una técnica de imágenes generadas por computadora, que permiten poner en escena distintas improbables mezclas entre los rostros de los integrantes de la banda y una treintena de cuerpos diferentes; algo que probablemente le encantaría hacer en la vida real a los futuros popes de la moda y el diseño. Mezclarse y ser más de uno. Pretender ser lo que no se es. Y ese es el verdadero problema cuando renunciamos a ser quienes somos en realidad. Por incorporar a nuestro aspecto o a nuestra personalidad una sumatoria de detalles destinados sólo a agradar a los demás, perdemos toda nuestra autenticidad. En muchas maneras, cada uno de los integrantes de este video es único e irrepetible; y en casi todos los casos pareciera que tan sólo están intentando encajar en algún estereotipo. Hoy en día se ven tantos tatuajes y piercings que estoy seguro que más de uno de ellos es sólo producto de la inercia, sólo otra consecuencia más de esa cultura idiota de seguir una moda: “Rosado es el amor a primera vista, todo se vuelve rosado cuando apago la luz. El rosado hace que me eleve como una cometa, y creo que todo va a estar bien; sea lo que sea que hagamos esta noche”.

“Podrías ser mi flamenco, porque el color rosado es como la nueva jerga que se habla hoy. Rosado, como ese paraguas decorativo que usas. Sabes que es un poco pervertido, y por eso nunca le contaste a ella que lo tienes”. Es imposible hacerse completamente el desentendido y mirar para otro lado frente alguna de las expresas insinuaciones sexuales de esta letra. El rosado es el color del amor, por supuesto. Pero también es el color del sexo, literalmente. Un crayón favorito a la hora de jugar, y que está queriendo ser envuelto en látex. Todo es color de rosa. Y obviamente, cuando la vida es color de rosa, es evidente que no falta sexo satisfactorio en ella: “Me gustaría ser tu amante, me gustaría envolverte en látex; tan rosado como las sábanas sobre las que me recuesto, porque el rosado es mi crayón favorito. Oh, sí”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 5 de septiembre de 2017

Capítulo 184: “Das Model”. Kraftwerk. (1978)



Deprimartes modelado:

Si bien el Rock & Roll es una invención intrínsecamente norteamericana, devenida de la mixtura entre su Country blanco y su Blues negro; y si bien todavía hay que reconocerle el importantísimo aporte que las Islas Británicas le han hecho a su evolución, hay un subgénero del mismo que nada tiene que ver con el habla inglesa. La electrificación de los instrumentos musicales, sin la cual el Rock jamás podría haber expresado su energía y su ira, era parte de un progreso tecnológico que no iba a detenerse. El siguiente paso obligado era lograr que los instrumentos ya no se amplificaran o distorsionaran, sino que pudieran crear nuevos sonidos, unos nunca antes escuchados por oídos humanos. Estaba todo listo para la aparición de los primeros sintetizadores. Y luego de varias intervenciones rutilantes, su inclusión total como único instrumento musical en una banda la logró un grupito de jóvenes alemanes, que como no encontraban teclados que reprodujeran los sonidos que ellos imaginaban, construyeron los suyos propios. ¿El nombre de esta banda? Kraftwerk. Nada más ni nada menos que los creadores de la Música Electrónica, la misma que con el tiempo aportó a la Cultura Pop nombres tan importantes como los de Jean Michel Jarré, Mike Oldfield, Vangelis, Gary Numan, Depeche Mode, Pet Shop Boys, Erasure, etc.

Aquí Kraftwerk presenta uno de los primeros y más logrados riffs de sintetizador de la historia, y lo hace para hablarnos de otra automatización, la de las mujeres: “Ella es una modelo y se ve muy bien, y hoy me la llevaré con todo gusto a mi casa. Ella se comporta tan fríamente que nadie se le acerca, pero frente a la cámara se muestra tal cual es en realidad”. Desde el advenimiento del Rock, ha crecido de su mano el culto a la juventud y a la eterna hermosura. Antes, los niños querían crecer para ser adultos. Ahora todos queremos ser por siempre veinteañeros. Y donde mejor se ve esto es en el horrendo mundo del modelaje y de la alta costura. Las modelos son mujeres jóvenes a las cuales se les enseña a caminar con estilo, antes que a perseguir una carrera universitaria. Se les enseña que vomitar no es tan terrible, siempre y cuando estén delgadas. Las “mannequins” deben verse siempre preciosas, no importa para nada cómo sean en su interior. Y es por eso que la mayoría de ellas tienen la actividad cerebral de un simio en cautiverio. Son sólo pobres seres estúpidos cuya única valía es su hermosura, la cual por simple ley de vida día a día se desvanece. No por nada es que cuando se avecinan a los treinta años, y sienten que el calendario se les cae encima, no hacen mucho más que recurrir a un bisturí con el cual intentar engañar el tiempo… Como si eso se pudiera…: “Ella siempre va a los clubes nocturnos y sólo bebe champagne (¡correcto!), y allí tiene a todos los hombres a sus pies. Su joven sonrisa se destaca bajo la luz de los reflectores, ella se ve bien y su belleza le dará dinero”.


La lógica de Mercado hace que las modelos se presenten como productos que compiten por la atención de la mirada masculina. Pero si lo pensamos bien, esto mismo a menor escala es lo que hacen todas las mujeres. Una mujer siempre ve a otra mujer como competencia: “Ella se exhibe como si fuera un producto de consumo ante la mirada de millones de ojos, y su nueva apariencia es simplemente fabulosa. Ahora que ella consiguió todo lo que quería, yo siento que debo verla otra vez”. En más de una ocasión me han preguntado si creo que existe la amistad entre un hombre y una mujer, y siempre respondo lo mismo: “Por supuesto que creo que existe la amistad entre un hombre y una mujer… La que no estoy muy convencido de que exista es la amistad entre una mujer y otra mujer”. No quiero decir que dos mujeres no puedan ser amigas, es sólo que por el hecho de verse entre sí como competidoras, esa relaciónón suena más bien a pacto de no agresión; en el fondo nunca parece del todo sincera. Una mujer disfruta de generarle envidia a sus amigas, algo impensable entre dos hombres; que como por lo general no compiten por nada, se dedican más a disfrutar de una amistad sin paranoias y sin tener que andar leyendo entre líneas. ¡Feliz Deprimartes!