martes, 18 de abril de 2017

Capítulo 164: “Little Talks”. Of Monsters And Men. (2012)




Deprimartes volcánico:

Islandia es un país realmente muy extraño. Es una isla ubicada a escasos metros del Círculo Polar Ártico, cuya geografía magmática la convierte en una tierra de géisers, volcanes y glaciares. Estuvo encerrada en su propia historia –que hunde sus raíces en la Mitología Nórdica de Odín, Thor y Loki- hasta que finalizó la Segunda Guerra Mundial; y fue allí que empezó a abrirse al mundo. Además de Björk y de Sigur Rós, muy poco ha sido lo que se conoció musicalmente de Islandia, principalmente por este aislamiento orgulloso al que el país mira con orgullo. Aún así, de vez en cuando, esta tierra de mitos en los confines del mundo nos sorprende con expresiones como las de esta muy interesante banda, Of Monsters And Men.

Esta canción nos cuenta sobre lo que parece ser un diálogo entre una jovencita asustada y un muchacho de improbable valentía que intenta hacerla sentir más segura, viviendo en una casa abandonada como si fueran dos huérfanos: No me gusta caminar por esta casa vieja y vacía’, entonces toma mi mano y caminaré contigo, querida’. ‛Las escaleras crujen mientras dormimos, y eso me obliga a quedarme despierta’, ‛es la casa diciéndote que cierres los ojos’. ‛Y algunos días ni siquiera confío en mí misma’, ‘me mata por dentro verte de esta manera’”. La sensación de miedo e inseguridad es palpable en este relato. Y ese reflejo tan humano de querer sacar fuerzas de donde no las hay, cuando la oscuridad nos rodea. Así lo demuestra la siguiente frase, que las voces repetirán a dúo, como una letanía final, con un dejo de optimismo apagado: “Porque aunque la verdad pueda variar, este barco llevará nuestros cuerpos a salvo hasta la costa”.

El diálogo sigue, y las cosas comienzan a ponerse verdaderamente tétricas cuando se reconoce que ya no son dos los que charlan, sino tres. Hay una voz interior que parece querer volver a entrar en la partida: ‛Hay una vieja voz en mi cabeza que no me deja avanzar’, ‛bueno, dile que extraño nuestras pequeñas charlas’. ‛Pronto todo terminará y estará enterrado con nuestro pasado’, ‛solíamos jugar afuera cuando éramos jóvenes y estábamos llenos de vida y llenos de amor’. ‛Algunos días no sé si estoy en lo correcto o estoy equivocada’, ‛tu mente está jugándote trucos, querida mía’”. Más allá de los optimismos trillados y las verdades cambiantes, hay algo innegable. Cuando alguien grita en realidad está pidiendo auxilio: “No escuches ni una palabra de lo que te digo. Todos los gritos suenan iguales”. Parece el pedido de auxilio inocente de dos niños atenazados por el miedo, y que aún guardan un dejo de esperanza por ser rescatados…

Mientras tanto, el videoclip de esta canción toma envión en toda la mitología islandesa para dejar volar su imaginación y hacer de la vida un viaje aventurero a través del cual escapar de nuestras peores pesadillas. Aquí hay paisajes tan sombríos como fascinantes. Cielos opacos aprisionados por nubes de corazón negro. Montañas que parecen labradas por culturas hace mucho perdidas en el océano de las eras. Páramos habitados sólo por el hielo asesino y por una filosa nieve. Un lago oscuro que oculta antiguas ruinas y criaturas de espanto. Bosques infestados de seres que no están vivos, un desfiladero guardado por gárgolas amenazantes, volcanes en el horizonte que escupen sus miasmas al firmamento como si lo insultaran. Monstruos tiránicos que hacen la vida imposible tanto en el cielo como en la tierra como debajo de ella. Todo eso se puede superar, con un poco de esperanza; una esperanza con la forma de una mujer que irradia un brillo que no puede venir de nuestro mundo. Una niña con el cielo en los ojos, y con palabras que destruyen cualquier obstáculo: “Te has ido, te marchaste hace mucho. Vi cómo desaparecías. Todo lo que quedó de ti es un fantasma. Ahora ya estamos separados y distanciados, no hay nada que podamos hacer. Déjame ir, nos encontraremos nuevamente muy pronto. ¡No, espera! ¡Espérame, por favor; no te vayas! Te veré cuando me gane el sueño”. Tal vez todo haya sido un sueño. No hay forma de explicarse sino cómo es que la niña con el cielo en sus ojos, cuya sonrisa recuerda al brillo del oro, se convierte en la joya de la corona de un ser enorme, uno formado por aves de fuego. El mayor monstruo, el más fulgurante; uno al que los hombres primitivos seguramente terminarán llamando Dios… Si fue un sueño, vaya que fue bastante raro… Y hermoso… ¡Feliz Deprimartes!

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