martes, 17 de octubre de 2017

Capítulo 190: “River Man”. Nick Drake. (1969)

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Deprimartes fluvial:

“Betty vino por su propio camino, y dijo que tenía algo que contarme acerca de las cosas que pasan hoy en día; y de las hojas que ya han caído. Dijo que no había estado escuchando las noticias, no tuvo tiempo de decidir en qué manera iba a perder; pero aún creía”. Si hay una joya escondida en el arcón del Rock, esa joya se llama Nick Drake. Artista absolutamente incomprendido por los habitantes de la era en que le tocó vivir, muy de a poco su brevísima obra fue abriéndose paso en el talento de otros numerosos artistas de renombre; que reconocían a viva voz la influencia de los versos oscuros de este poeta maldito: “Voy a ver al hombre del río, le voy a contar todo lo que sé acerca del plan para la época de las lilas. Si él me dice todo lo que sabe acerca de la manera en que fluye su río, espero que la noche se muestre en todo su esplendor de verano”.

Aún hoy hay debates encendidos sobre qué querían decir sus rimas. Y si eran enrevesadas sus letras, ni qué hablar de las afinaciones enfermizas con las que le gustaba trabajar. Drake tensaba y destensaba las cuerdas de su guitarra para lograr configuraciones muy poco ortodoxas, intentando dibujar acordes de sonidos extraños y arracimados; siempre inquietantes para el oído. Y cuando se daba el gusto de tocar con una afinación regular, como en esta canción, sacaba algún otro truco de su manga como para sonar de manera casi inclasificable. Este tema está arpegiado en un ritmo de 5/4, algo muy poco común para una canción a ejecutar con una simple guitarra; lo cual le da al ritmo esa sensación de avanzar torpemente: “Betty me dijo que hoy estuvo rezando para que el cielo despejara, o tal vez rezaba para que se quedara nublado; ella no estaba segura. Porque cuando pensaba en la lluvia de verano viniéndole a su mente una y otra vez, ella dejaba de sufrir y se quedaba esperando por más”.

Tan desapercibido pasó Nick por esta vida que no existe filmación alguna de su desempeño profesional. Sólo tenemos fotos de él, y los testimonios de la gente que llegó a compartir algún momento de su vida; entre los que prevalece la coincidencia de pensar que en realidad nadie lo conocía demasiado. Híper retraído, con una personalidad críptica, detestaba tocar en público y dar entrevistas. Tal vez éstas hayan sido razones de peso para que fuera prácticamente un desconocido: “Voy a ver al hombre del río, le voy a contar todo lo que sé acerca de la prohibición de sentirse libre. Si él me dice todo lo que sabe acerca de la manera en que fluye su río, entonces me daré cuenta de que esto no es para mí”. Nick, luego de editar tres discos que casi no se vendieron, se dio por vencido. Era una persona con una tendencia natural a la depresión, así que con tan sólo veintiséis años renunció a todo y se fue a vivir por un último tiempo a casa de sus padres. Allí murió una trasnoche de una sobredosis de somníferos, se fue a dormir y jamás se despertó. Quizás aún esté soñando con el plan que tenía para la época de las lilas... Y si su muerte fue un accidente o algo premeditado, es el último misterio con que suele dejarnos pensando todo potencial suicida.

Lo dicho, no hay imágenes en movimiento del buen Nick en su vida adulta. Y este videoclip, hecho con motivo de un relanzamiento de su discografía, está compuesto tan sólo por fotos suyas… Pero detengámonos un segundo para ver el rostro que aparece en esas fotos. Es el rostro de un niño. De un niño perdido, un niño que contempla la vida y no la entiende. O que simplemente, no le gusta. Tal vez a ese niño le parezca que hay demasiado dolor en este mundo lleno de gente como para poder disfrutar de una felicidad que se le revela a cuentagotas. Contemplando su figura taciturna, en blanco y negro y más allá del tiempo, uno siente unas ganas desgarradoras de correr a darle un abrazo. Sea por la razón que sea, conocer la obra de Nick Drake es un trago agridulce; pero me alegro tanto de que el torbellino del olvido no se haya devorado su nombre, junto con el de todas esas personas anónimas que lo ignoraron y a quienes él veía ir y venir sin prestarle la más mínima atención al dolor que él sentía: “Oh, cómo van y vienen…”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 10 de octubre de 2017

Capítulo 189: “Thank U”. Alanis Morissette. (1998)

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Deprimartes agradecido:

“Y qué tal si dejo de tomar esos antibióticos. Qué tal si ya dejo de comer cuando estoy llena. Qué hay con esas zanahorias transparentes colgando. Y qué hay con ese siempre elusivo ‘tendría qué haber hecho tal cosa’”. Siempre fue un hermoso gesto de justicia por parte de la vida misma que alguien tan talentoso como Alanis Morissette haya tenido un éxito tan arrollador. Esta compositora canadiense se ha caracterizado por siempre intentar decir algo en sus letras. Y vaya que lo ha hecho: “Y qué tal si ya dejo de culparte a ti por todo. Y qué tal si empiezo a disfrutar el momento de una buena vez. Qué hay de lo bien que se sentirá por fin perdonarte por todo. Qué tal si sufro por todo de un solo tirón”.

Con tan sólo veinte años editó el disco Jagged Little Pill, el cual gracias a sus letras es un emblema de la ansiedad que la juventud presentaba en la década del ’90; y por su lograda música es considerado uno de álbumes que más se han vendido en toda la historia. Y Alanis tuvo la madurez necesaria, a tan corta edad, de saber dónde buscar equilibrio y consejo para seguir su vida sin que la fama se le subiera a la cabeza. Así que, luego de finalizada la larga gira de su álbum, se fue a la India. Y de allí volvió llena de gratitud: “Gracias India. Gracias terror. Gracias desilusión. Gracias fragilidad. Gracias consecuencias. Gracias, gracias silencio”.

“El momento en que pude dejar ir las cosas, fue el momento en que tenía más de lo que podía manejar. El momento en que me alejé de un salto de todo fue el momento en que toqué el suelo”. Esta letra refleja un profundo viaje de autoconocimiento. Recuerdo que en un libro de Carlos González Vallés leí que la India es un acelerador de procesos espirituales. Y eso queda claro en esta canción, ya que los agradecimientos no están dirigidos hacia sentimientos o ideas netamente positivas, sino todo lo contrario. Alanis le agradece al terror, a la desilusión, al silencio, a la nada misma… Eso es madurez. Madurez para aceptar que de todo lo malo que nos pase también podemos aprender algo. Por siniestra que se nos vuelva la noche, alguna idea siempre alumbra nuestra mente para llegar vivos a ver el siguiente amanecer: “Gracias India. Gracias a la Divina Providencia. Gracias desilusión. Gracias nada misma. Gracias claridad. Gracias, gracias silencio”.


Debe de haber algo más que esta simple realidad. Es innegable nuestra necesidad de continuar la búsqueda, de no quedarnos con aquello que nos dicen que es la simple realidad. Y cuando volvemos de esa búsqueda tan personal, volvemos con más cosas; pero no materiales. Volvemos más sabios, más llenos de matices. Desnudar el alma, tal como hace figurativamente Alanis en el videoclip de esta canción, es dotar de vestimentas multicolores nuestra mente. Es aprender que todo es distinto de como nosotros lo habíamos aprendido. Desaprender es aprender algo nuevo. Es comprender que, en último caso, y con mayor o menor suerte, todos estamos en algún tipo de búsqueda: “Qué tal dejar de ser masoquista. Qué tal si empiezo a recordar tu carácter divino. Qué tal si gritas sin vergüenza hasta que sientas que se te salen los ojos. Qué tal si no creemos que es lo mismo la muerte al hecho de que todo se termine”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 3 de octubre de 2017

Capítulo 188: “Tainted Love”. Soft Cell. (1981)

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Deprimartes contaminado:

Este tema es un éxito del año 1964 del sello Motown, en la voz de la cantante negra Gloria Jones –la misma que fuera novia del líder de T-Rex, Marc Bolan, y que estuviera conduciendo el automóvil en el accidente en el cual murió este glamoroso músico-, pero no fue sino hasta la versión de Soft Cell que ganó fama internacional. Aún hoy continúa siendo el éxito más grande que tuvo este dúo de Synth Pop, el que prácticamente nunca pudo repetir: “A veces siento que tengo que salir corriendo, tengo que escaparme de todo el dolor con que llenas mi corazón. Este amor que compartimos no parece ir a ninguna parte, y siento como si hubiera perdido toda mi luz, ya que no hago más que dar vueltas en la cama sin poderme dormir”.

El sonido electrónico de esta reversión es casi un símbolo de esos primeros años de la MTV y del nacimiento de la era de los videoclips ficcionados –aquellos en que a los músicos no sólo se los ve tocando frente a una audiencia, sino también actuando-. Y en este caso vemos al líder del dúo, el histriónico Marc Almond, disfrazado como una suerte de emperador romano, haciéndose abanicar por un eunuco negro mientras toma el té con una celosa y molesta novia de vestido victoriano. Dave Ball, el otro integrante del grupo, aparece como un jugador de cricket con un visible corte en su cara, trayendo a una niñita para llevarla ante el cantante, quien parece hablarle en la letra a esta pequeña niña: “Una vez corrí hacia ti, ahora correré para huir de ti y de este amor contaminado que me has estado dando. Te brindé todo lo que un muchacho podría darte. Tu te apoderas hasta de mis lágrimas, y parece que aún quieres más. Esto es un amor contaminado”. Todo tiene un tufillo demasiado pederasta para mi gusto. Ha habido toda una gama de interpretaciones de este video, pero mi preferida es aquella que reza que todo lo ocurrido en el terreno de la música y los videoclips de esos primeros años ’80 puede explicarse con una sola frase: grandes cantidades de cocaína.

El emperador va a columpiarse mientras deja a la niña jugando con pirañas… Este más que extraño videoclip nos grafica el trato cruel que los mayores pueden llegar a prodigarle a un niño. Hablando de manera metafórica, es en mayor o menor medida lo que hacen todos los padres. Pero, bueno; ¿quién podría culparlos? En definitiva no existe un manual de cómo ser buen padre, y más de uno de ellos no hace más que llevar adelante la crianza de sus hijos como si estuviera movilizado por un compendio de sus propias frustraciones; frente a la sonrisa incomprensiva de esos ojos de niño que lo idolatran: “Ahora sé que tengo que salir corriendo, tengo que huir. Tu no quieres que las cosas entre nosotros estén bien, sólo necesitas alguien que te sostenga firmemente. Y crees que el amor es algo a lo que hay que rezarle todos los días. Bien, lo siento, pero yo no rezo de esa manera”.


Polémicas aparte, lo que puede rescatarse de la letra de esta canción es que el amor, por maravilloso que sea, tiene escondido entre sus dobleces esa condición tan suya de morboso y retorcido. La forma en que nos lastima lo convierte en algo adictivo: “No me toques, por favor; no puedo soportar la manera en que me seduces. Te amo aunque me lastimas demasiado, así que empacaré mis cosas y me largaré de aquí”. Y en este segmento de la letra está la raíz misma del amor. No queremos que nos dañen pero no podemos soportar que no lo hagan, así que luego de exigir a los gritos que no lo toquen, el cantante susurra: “Tócame, nena, con tu amor contaminado”. En fin… ¡Feliz Deprimartes!

martes, 26 de septiembre de 2017

Capítulo 187: “Beautiful Ones”. Suede. (1996)

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Deprimartes bello:

“Oh, aquí viene la gente hermosa, la gente hermosa”. En los años ’80 The Smiths era la gran banda de la música independiente británica, pero desgraciadamente Morrisey y Johnny Marr, sus integrantes más importantes, se odiaban y por eso decidieron disolverse. Su lugar fue ocupado por un grupo llamado The Stone Roses, que en su álbum debut lograban una mezcla estilizada y exitosa de las tendencias musicales de la época. Pero diversos problemas con su sello discográfico no les permitieron sacar un disco durante más de cinco años, y esa pausa, sumada al surgimiento del Grunge del otro lado del Atlántico, desesperó a la escena musical inglesa, que necesitaba algo con qué llenar su vacío. Y allí es donde aparece Suede, cuyo sonido limpio y de raíces en los años ’60 terminaría por configurar al naciente Britpop. Y el grupo de Brett Anderson ocupó el trono de este movimiento –al menos hasta que aparecieron Blur y Oasis- cantándole a esa gente especial que uno ve dirigiéndose a los boliches cada fin de semana: “Drogados con diesel y gasolina, se mueven como psicóticos con lo que salga de una caja de ritmos. Sacudiendo sus partes al paso de los temas de moda. Se trasvisten y se comportan como yonkis y suicidas, pero siempre corren a esconderse tras el traje de Papito, manchándole otra vez la reputación”.

En cada época ha habido, y siempre habrá, una casta de gentuza a la cual la sociedad posiciona como ejemplos a seguir. Es la gente de moda, son los ganadores; los que siempre aparecen ante los flashes de las cámaras para guiarnos con respecto a qué es lo que usa, qué es lo que escucha, y qué es lo que dice ese círculo exclusivo conformado por los elegidos por los cánones de belleza establecidos: “Destrozados, amontonados como locos, psicópatas del sexo gracias al pegamento, se pierden si les ofreces drogas de calidad. Cabezas rapadas, cabezas de fiesta con pastillas, tienen demasiado tiempo libre, y por eso se meten en bandas de música y en pandillas callejeras”. Aquí tenemos una interesante síntesis de los lugares comunes en los que solían caer estos habitantes de la noche: drogas sintéticas, fiestas electrónicas, música de moda, trasgresiones en forma de poses y estereotipos forzados, ambigüedad sexual, etc. Todos desafíos que suelen buscar aquellos que viven sus pocos años mozos como si nunca se fueran a terminar. Lo curioso es que esta canción es de mediados de la década de los '90... ¡Y pareciera estar hablando de gente que uno puede encontrarse hoy en día!: “No piensas en las consecuencias, lo haces con todas tus fuerzas, porque eres una más de la gente hermosa. Y si tu amor por mí te está enloqueciendo, esto es en lo que me convertiste”.


Ya he mencionado algo tan consabido como el hecho de que junto con la Era del Rock vino consigo el culto a la eterna juventud. La sociedad de consumo aprovecha ese idilio que la estética pareciera tener con la que supuestamente es nuestra mejor época, y nos bombardea con imágenes de lo que en teoría los demás esperan ver en nosotros cuando sus miradas se encuentren con nuestra estampa: “Amados y hundidos, ellos pasan el rato colocados en una ciudad solitaria, sacudiendo sus carnes al ritmo de la música”. Por alguna razón, estoy contento de ya no ser joven desde hace muchos años… Con todos sus bemoles, la juventud está muy sobrevalorada. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 19 de septiembre de 2017

Capítulo 186: “Carolina In My Mind”. James Taylor. (1968)

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Deprimartes desterrado:

Si hay algo que jamás vamos a comprender aquellos que no hayamos sufrido algún tipo de ostracismo, es el desarraigo. Estar lejos del lugar que una persona llama “hogar”, a veces por un tiempo, muchas otras veces de manera permanente, debe de ser como aprender a vivir cada día con un desgarro que nunca cicatriza en el corazón. No por nada uno de los castigos más severos de la antigüedad era el destierro: “En mi mente, siempre me voy a Carolina. ¿Puedes ver el Sol brillando? ¿Puedes sentir la luz de Luna? Es como si un amigo te reconociera y te diera un empujón afectuoso en la calle. Así es, siempre me voy a Carolina en mi mente”. Vivo en una extraña y hermosa tierra que ha sido bendecida por varias oleadas de inmigrantes que nos han mezclado y remezclado hasta hacer de nosotros lo que hoy somos. Y en una de las últimas olas migratorias importantes, vinieron nuestros abuelos, olvidando por la fuerza una Europa arrasada. En los ojos de mis propios abuelos pude adivinar aquello tan difícil que debieron atravesar al tener que abandonar el terruño que los vio nacer, y adonde inevitablemente cada persona se deja un pedazo del corazón. Las generaciones que nos antecedieron, y que dejaron su hogar y sus afectos de la niñez detrás suyo, lo hicieron para venir a darnos a sus descendientes un futuro más prometedor; muchas veces escapando del hambre, muchas veces escapando de las guerras que convertían sus pueblitos colmados de juegos de niños en barreales aceitosos y llenos de escombros.

“Karen, ella es como un sol de plata. Aléjate un poco y mírala brillar. Mírala observar cómo se acerca el amanecer. Y ahora se me escapa una lágrima plateada, estoy llorando; ¿no es cierto?”. Quien canta y enjuaga sus lágrimas mientras lo hace no es otro que el gran James Taylor, talentosísimo exponente del Folk; y probablemente el fichaje más importante que alguna vez hubiera hecho Apple, la discográfica de The Beatles, quienes le editaron su primer disco. A lo largo de los años logró armar una hilera de éxitos que volvieron su nombre lo suficientemente importante como aprender a reírse de sí mismo, y terminar cantándole en el espacio a Homero Simpson cuando éste se volvió astronauta. En esta canción le toca a él recordar ese pedacito de tierra de sus primero años al que siempre vuelve cuando cierra los ojos, cosa que hacemos todos a medida que los meses se nos van acumulando en el calendario: “No hay duda en la mente de nadie de que el amor es lo mejor que existe, así que susúrrame algo suave y agradable. Y ahora, mira, nena; el cielo está en llamas. Me estoy muriendo, ¿no es cierto?”.


A medida que la vejez va reclamando nuestros días, no es extraño que aquellos que dejaron sus raíces muy muy lejos sientan el llamado a emprender ese último viaje de autoconocimiento, para rendirle un homenaje a sus propios antepasados y a la vida que no pudieron vivir: “Anoche, en el medio de la oscuridad más silenciosa, creo que llegué a escuchar el llamado de la autopista. Los gansos volaban y los perros ladraban y mordían, signos que bien podrían haber sido una predicción diciéndome que me vaya a Carolina en mi mente”. No siempre lo que encuentran es lo que desearían, y por eso es sabio tener en cuenta aquel viejo dicho que reza: “nunca vuelvas al lugar en el que fuiste feliz”. Pero, la sangre tira, y el corazón debe afrontar una última prueba para saldar deudas con el pasado... Y a veces, sólo a veces, termina valiendo la pena: “Y ahora, con el espíritu sagrado de los antepasados que me rodean, todavía siento que estoy en el lado oscuro de la Luna. Y me parece que esto podría seguir así para siempre. Así que deberás perdonarme si me levanto y me voy a Carolina en mi mente”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 12 de septiembre de 2017

Capítulo 185: “Pink”. Aerosmith. (1997)

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Deprimartes sonrosado:

“El rosado es como el rojo, pero no tan fuerte”, nos dice Steven Tyler; la boca más grande del Rock & Roll. Es increíble que un ser humano con unas facciones tan particulares haya tenido una hija cuya hermosura fue digna de retratar en la pantalla grande a una princesa elfa. Y aquí lo vemos a este bocón, como a lo largo de toda su carrera, al frente de esa banda de casi cinco décadas de carrera que ha sido Aerosmith. Con la guitarra de Joe Perry como apuesta segura a la hora de rockear en grande, esta agrupación siempre ha tenido idas y venidas, pero nunca dejó de estar presente en los charts. Tal es así que es una de las bandas norteamericanas de mayor volumen de ventas de la historia del Rock. Y más allá de los excesos que han tenido, como toda buena estrella musical, para ellos la vida también ha sido color de rosa: “El color rosado es mi nueva obsesión, con el rosado ni siquiera tengo dudas. El rosado en los labios de tu amante, porque el amor es de color rosa cuando recién lo descubres”.

“Rosado, como el brillo que corona tu cereza; rosado, porque tú eres tan especial. El rosado es el color de la pasión, porque hoy simplemente se ha puesto de moda”. El videoclip de esta canción está filmado con una técnica de imágenes generadas por computadora, que permiten poner en escena distintas improbables mezclas entre los rostros de los integrantes de la banda y una treintena de cuerpos diferentes; algo que probablemente le encantaría hacer en la vida real a los futuros popes de la moda y el diseño. Mezclarse y ser más de uno. Pretender ser lo que no se es. Y ese es el verdadero problema cuando renunciamos a ser quienes somos en realidad. Por incorporar a nuestro aspecto o a nuestra personalidad una sumatoria de detalles destinados sólo a agradar a los demás, perdemos toda nuestra autenticidad. En muchas maneras, cada uno de los integrantes de este video es único e irrepetible; y en casi todos los casos pareciera que tan sólo están intentando encajar en algún estereotipo. Hoy en día se ven tantos tatuajes y piercings que estoy seguro que más de uno de ellos es sólo producto de la inercia, sólo otra consecuencia más de esa cultura idiota de seguir una moda: “Rosado es el amor a primera vista, todo se vuelve rosado cuando apago la luz. El rosado hace que me eleve como una cometa, y creo que todo va a estar bien; sea lo que sea que hagamos esta noche”.

“Podrías ser mi flamenco, porque el color rosado es como la nueva jerga que se habla hoy. Rosado, como ese paraguas decorativo que usas. Sabes que es un poco pervertido, y por eso nunca le contaste a ella que lo tienes”. Es imposible hacerse completamente el desentendido y mirar para otro lado frente alguna de las expresas insinuaciones sexuales de esta letra. El rosado es el color del amor, por supuesto. Pero también es el color del sexo, literalmente. Un crayón favorito a la hora de jugar, y que está queriendo ser envuelto en látex. Todo es color de rosa. Y obviamente, cuando la vida es color de rosa, es evidente que no falta sexo satisfactorio en ella: “Me gustaría ser tu amante, me gustaría envolverte en látex; tan rosado como las sábanas sobre las que me recuesto, porque el rosado es mi crayón favorito. Oh, sí”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 5 de septiembre de 2017

Capítulo 184: “Das Model”. Kraftwerk. (1978)

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Deprimartes modelado:

Si bien el Rock & Roll es una invención intrínsecamente norteamericana, devenida de la mixtura entre su Country blanco y su Blues negro; y si bien todavía hay que reconocerle el importantísimo aporte que las Islas Británicas le han hecho a su evolución, hay un subgénero del mismo que nada tiene que ver con el habla inglesa. La electrificación de los instrumentos musicales, sin la cual el Rock jamás podría haber expresado su energía y su ira, era parte de un progreso tecnológico que no iba a detenerse. El siguiente paso obligado era lograr que los instrumentos ya no se amplificaran o distorsionaran, sino que pudieran crear nuevos sonidos, unos nunca antes escuchados por oídos humanos. Estaba todo listo para la aparición de los primeros sintetizadores. Y luego de varias intervenciones rutilantes, su inclusión total como único instrumento musical en una banda la logró un grupito de jóvenes alemanes, que como no encontraban teclados que reprodujeran los sonidos que ellos imaginaban, construyeron los suyos propios. ¿El nombre de esta banda? Kraftwerk. Nada más ni nada menos que los creadores de la Música Electrónica, la misma que con el tiempo aportó a la Cultura Pop nombres tan importantes como los de Jean Michel Jarré, Mike Oldfield, Vangelis, Gary Numan, Depeche Mode, Pet Shop Boys, Erasure, etc.

Aquí Kraftwerk presenta uno de los primeros y más logrados riffs de sintetizador de la historia, y lo hace para hablarnos de otra automatización, la de las mujeres: “Ella es una modelo y se ve muy bien, y hoy me la llevaré con todo gusto a mi casa. Ella se comporta tan fríamente que nadie se le acerca, pero frente a la cámara se muestra tal cual es en realidad”. Desde el advenimiento del Rock, ha crecido de su mano el culto a la juventud y a la eterna hermosura. Antes, los niños querían crecer para ser adultos. Ahora todos queremos ser por siempre veinteañeros. Y donde mejor se ve esto es en el horrendo mundo del modelaje y de la alta costura. Las modelos son mujeres jóvenes a las cuales se les enseña a caminar con estilo, antes que a perseguir una carrera universitaria. Se les enseña que vomitar no es tan terrible, siempre y cuando estén delgadas. Las “mannequins” deben verse siempre preciosas, no importa para nada cómo sean en su interior. Y es por eso que la mayoría de ellas tienen la actividad cerebral de un simio en cautiverio. Son sólo pobres seres estúpidos cuya única valía es su hermosura, la cual por simple ley de vida día a día se desvanece. No por nada es que cuando se avecinan a los treinta años, y sienten que el calendario se les cae encima, no hacen mucho más que recurrir a un bisturí con el cual intentar engañar el tiempo… Como si eso se pudiera…: “Ella siempre va a los clubes nocturnos y sólo bebe champagne (¡correcto!), y allí tiene a todos los hombres a sus pies. Su joven sonrisa se destaca bajo la luz de los reflectores, ella se ve bien y su belleza le dará dinero”.


La lógica de Mercado hace que las modelos se presenten como productos que compiten por la atención de la mirada masculina. Pero si lo pensamos bien, esto mismo a menor escala es lo que hacen todas las mujeres. Una mujer siempre ve a otra mujer como competencia: “Ella se exhibe como si fuera un producto de consumo ante la mirada de millones de ojos, y su nueva apariencia es simplemente fabulosa. Ahora que ella consiguió todo lo que quería, yo siento que debo verla otra vez”. En más de una ocasión me han preguntado si creo que existe la amistad entre un hombre y una mujer, y siempre respondo lo mismo: “Por supuesto que creo que existe la amistad entre un hombre y una mujer… La que no estoy muy convencido de que exista es la amistad entre una mujer y otra mujer”. No quiero decir que dos mujeres no puedan ser amigas, es sólo que por el hecho de verse entre sí como competidoras, esa relaciónón suena más bien a pacto de no agresión; en el fondo nunca parece del todo sincera. Una mujer disfruta de generarle envidia a sus amigas, algo impensable entre dos hombres; que como por lo general no compiten por nada, se dedican más a disfrutar de una amistad sin paranoias y sin tener que andar leyendo entre líneas. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 29 de agosto de 2017

Capítulo 183: “Nearly Forgot My Broken Heart”. Chris Cornell. (2015)

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Deprimartes ahorcado:

“Cada vez que me quedo mirando al Sol, tratando de encontrar una razón por la cual seguir adelante, lo único que logro es quemarme y quedarme ciego hasta que al cielo se le ocurre ponerse a llover”. Para aquellos que amamos el Rock clásico, escuchamos todo lo que vino luego del festival kitsch de la década del ’80 con cierta nostalgia y resignación. Es como si entendiéramos que ya nada puede sorprendernos. Por suerte, nos equivocamos. Me pasó hace muy poco: investigando para incorporar un poco más de Grunge a mis Deprimartes, me topé con la voz extraordinaria de Chris Cornell. Ni aún al más avispado se le podía ocurrir que una de las mejores voces del Rock viniera de un movimiento que exigía tan poco lirismo como la música originaria de Seattle, pero así fue. Una voz poderosa y que no perdía potencia a la hora de alcanzar las notas agudas, aprovechando al máximo sus cuatro octavas de rango. Fue un gran gusto interiorizarse en la obra de este enorme artista… Y en medio de ese descubrimiento, al buen señor Cornell no se le ocurre otra cosa  más que ahorcarse…

“Cuando llegaste a mi vida, el momento era el correcto. Me agarraste como si yo fuera una manzana roja y madura. No pasó mucho hasta que decidiste darme una mordida, y me causaste mucho daño pero eso también me sirvió”. Parece casi una maldición. O tal vez sea justamente parte de su esencia más pura como movimiento: los músicos del Grunge terminan sus vidas rápidamente. Este subgénero del Rock explotó la autovictimización hasta el límite, y eso tal vez haya hecho mella en el alma de más de uno de sus intérpretes; quienes siempre sobrellevaron como pudieron el cóctel de depresión y abuso de sustancias con que sazonaban sus vidas. Así, el sorpresivo suicido de Chris Cornell se suma a las trempranas muertes de Layne Staley de Alice In Chains, Scott Weiland de Stone Temple Pilots, y por supuesto, el emblemático escopetazo con que terminó su vida Kurt Cobain, líder de Nirvana. Sólo nos queda cuidar a Eddie Vedder…

Curiosamente hoy cuesta mucho dar con el excelente videoclip de esta canción, ya que justamente en él se ve a Chris Cornell condenado a morir ahorcado. En una celda del Lejano Oeste lo vemos esperar la mañana de su ejecución en compañía de un secuaz interpretado por ese actor genial que es Eric Roberts. Mientras una muchedumbre se prepara para presenciar el espectáculo de muy dudoso gusto que siempre significaba una ejecución pública, también se prepara un complot. Una intriga que incluye un misterioso frasco y un pequeño ramo de flores, todo a cambio de una bolsa de monedas. Dos encapuchadas hacen el trueque, y se pone en marcha un plan para dar esperanzas a algunos, y un punto final para otros. A la hora en que el destino debe alcanzar al bueno de Chris, y cuando la horca ya está colocada alrededor de su cuello, una de las complotadas, una mujer voluptuosa, comienza a contonearse como una serpiente al ritmo de la muerte, y con este hechizo capta la atención de todo el mundo, dándole tiempo a la vida para sabotear el nudo asesino con ayuda del enigmático frasco: “Y ya casi me había olvidado de mi corazón destrozado. Ya me había alejado muchísimas millas del recuerdo de cuando se había roto. Así que parece que aquí vamos otra vez”.

El truco con el cual la hechicera mantiene a raya a la muerte sólo para que pueda ejecutarse un truco aún mayor, parece que también era esperado por el secuaz, a quien esta vez la mujer le niega su conjuro. ¿Sería por simple malicia femenina? ¿O habría alguna cuenta pendiente entre ellos? Nunca lo sabremos. Allí se quedó Eric Roberts, con su última palabra en la boca antes de que la oscuridad le cubriera el rostro. Frente a esta escena siempre se me aparece la pregunta: ¿Qué nos quedaría por decir ante esa oportunidad en la cual debemos pronunciar nuestras últimas palabras? ¿Qué diríamos?: “Cada pequeña llave abre una puerta, cada pequeño secreto esconde una mentira. Aunque intentes sacarle una foto al Sol aún así no lograrás ver la luz. Cada pequeña palabra que sale de tus labios hace un pequeño corte por donde se me escapa la sangre. Cada pequeña gota de sangre es un beso que no me perdería por nada del mundo”.

Finalmente la otra encapuchada, una mujer no muy agraciada, logra quedarse con la recompensa de una intriga que demandó tantos elementos. Su vestimenta blanca, el ramito de flores, y un cura que los recibe a escondidas le desencajan el rostro a un sorprendido resucitado. Y es que al rescatar a un hombre del borde mismo de la muerte, esa mujer no muy bonita se aseguraba un marido. La expresión de la cara de Chris en ese momento parece decirlo todo: “Ya me había hecho a la idea de estar muerto”. A fin de cuentas, tan sólo ha cambiado el tipo de nudo que lo estrangulará el resto de sus días: “Cada uno de mis sentimientos me dice que esto va a terminar en un corazón roto en pequeños pedazos, y ya sabes que yo necesito eso tanto como un agujero en medio de la cabeza”.  Gracias estimado Chris Cornell por tu voz, que perdurará por siempre en tus canciones. Que tu alma descanse en paz. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 22 de agosto de 2017

Capítulo 182: “Fast Car”. Tracy Chapman. (1988)

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Deprimartes automovilístico:

“Tú tienes un coche rápido, y yo quiero un boleto para irme a cualquier parte.  Así que tal vez podamos hacer un trato. Tal vez juntos podamos llegar a algún sitio. Cualquier lugar será mejor, empezaremos de cero ya que no tenemos nada que perder. Tal vez logremos hacer algo, yo no tengo nada que probarme a mí misma”. Lo reconozco con un poco de pudor. Cuando apareció Tracy Chapman, literalmente me tomó un par de años saber si se trataba de un hombre o de una mujer. En mi defensa puedo sostener que en aquella época la información no estaba tan al alcance de la mano como lo está hoy en día. Pero con el tiempo todo se fue globalizando, y así fue como me encontré no sólo con la realidad del género de esta talentosa cantante afroamericana, sino con las letras de sus canciones; que siempre intentaban contarnos una historia como ésta: “Tú tienes un coche rápido, y yo tengo un plan para sacarnos de aquí. Me las arreglé para poder ahorrar algo de lo que fui ganando con mi trabajo en la tienda. No tendrás que manejar muy lejos, sólo cruzar la frontera y entrar en la ciudad. Allí los dos podremos conseguir un trabajo y al fin veremos cómo es vivir por nuestra cuenta”.

“Verás, mi viejo tiene un problema: está todo el día con la botella, así como te lo digo. Él dice que su cuerpo ya está demasiado viejo para trabajar, y yo digo que su cuerpo es demasiado joven para verse así de mal. Mi mamá se largó y lo dejó, ella quería más en la vida de lo que él podía ofrecerle. Yo pensé que alguien tendría que cuidar de él, y por eso dejé la escuela; eso fue lo que hice”. Este hermoso y tranquilo tema irrumpió a finales de los años ’80 cómo para recordarnos que el Folk no se había muerto. En medio de toda la basura del Glam Rock gobernando los charts, con el Synth Pop asesinándole el costado humano a la música popular, y con el Rap ganando cada vez más fuerza; este destello de luz apareció para dejarnos en claro algo que parece funcionar como si obedeciera leyes de la física más básica: mientras hubiera una historia interesante contada con talento detrás de una guitarra acústica, siempre habría gente dispuesta a escucharla. Y es por eso mismo, por apostar a nuestro costado más humano, que el Folk jamás desaparecerá. Tal vez duerma profundamente el merecido sueño que obtienen aquellos que han cambiado el mundo, pero nunca morirá: “Tú tienes un coche rápido, ¿pero es lo suficientemente rápido como para que nos vayamos volando de aquí? Tenemos que tomar una decisión: irnos esta noche o seguir viviendo de la misma manera hasta el día en que muramos”.

Todos tenemos un plan, ¿verdad? Todos queremos, al fin de cuentas, perseguir esa sensación tan impresa en nuestro ADN de querer hallar nuestro lugar en el mundo, de lograr vencer la soledad, de sentir que el tiempo que nos es dado sobre esta Tierra ha valido la pena, que ha cambiado la vida de alguien más, y que ese alguien nos recordará con una sonrisa mucho tiempo después de que nuestras cenizas se hayan unido con el Universo. Tal vez por eso le sonreímos a los bebés que nos cruzamos en sus cochecitos por la calle: “Recuerdo que estábamos conduciendo, conduciendo tu vehículo a tan alta velocidad que me sentía como borracha. Las luces de la ciudad apareciendo delante nuestro, y tu brazo se sentía tan bien alrededor de mis hombros. Tenía el sentimiento de que pertenecía a algún sitio, sentía que podía ser alguien, podía ser alguien, alguien…”.


Así es, todos tenemos un plan. Pero no todos tenemos la valentía de ponerlo en marcha. Este tema nos presenta a alguien que sí la tiene: “Tú tienes un coche rápido, con el que nos entretuvimos mientras viajamos. Aún no has conseguido empleo y yo trabajo como cajera en un supermercado. Sé que las cosas van a mejorar, tú encontrarás un trabajo y a mí me ascenderán. Podremos mudarnos de la pensión y comprarnos una casa grande en los suburbios”. Canta sobre el ciclo que cada persona atraviesa a lo largo de su existencia. Alguien nota su vida vacía y concibe una idea para avanzar y cambiar de rumbo. Y aquí rescato que al menos esta persona se da cuenta de la situación en la que se encuentra y decide hacer algo para cambiarla. Y lo rescato porque ocurre que la gran mayoría ni siquiera ve en qué tipo de vida está dando vueltas en círculos, y por lo tanto no hace nada para mejorar su situación: “Tú tienes un coche rápido, yo tengo un trabajo que paga nuestras facturas. Te quedas hasta tarde bebiendo en el bar, y ves más a tus amigos que a tus hijos. Siempre esperé que las cosas mejoraran, tal vez tú y yo podríamos solucionarlo. Pero resulta que ya no tengo planes y mi vida no va a ninguna parte; así que toma tu coche rápido y continúa conduciendo”.  Al final, y a pesar de su optimismo, ha repetido el ciclo del cual quiso escapar. Y no es una historia que suene tan extraña. Esto bien le pudo pasar a cualquier hijo del vecino. De hecho, esto mismo nos pasó a todos. Todos nosotros en algún momento tuvimos sueños que tensaron los músculos que nos hicieron desplegar las alas. Y esos sueños, casi siempre, terminaron convertidos sólo en sombras chinescas de aquello que quisimos que fueran, retorcidos con la mueca irónica con que la vida hace jirones nuestros sueños… Al menos nos queda el consuelo de seguir soñando, así que… ¡Feliz Deprimartes!

martes, 15 de agosto de 2017

Capítulo 181: “A Whiter Shade Of Pale”. Procol Harum. (1967)

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Deprimartes albino:

Con este tema es que se da lo que muchos críticos musicales señalan como el nacimiento del Rock Progresivo. Gary Brooker fundó Procol Harum el mismo año en que editó esta canción, y a pesar de ser un tecladista lo suficientemente talentoso como para haber tocado en discos de Eric Clapton y de George Harrison, entre muchos otros, desde entonces se lo conoce como el hombre que escribió “A Whiter Shade Of Pale”. De hecho, este tema es tan importante que ha sido considerado como el que más reproducciones en lugares abiertos tuvo en la historia del Reino Unido; y en 1977 fue elegido como el mejor single de los últimos 25 años, junto con “Bohemian Rhapsody” de Queen –tema con el que también comparte la peculiaridad de mencionar en su letra la misma palabra en español: “fandango”-: “Nos saltamos el fandango fácil y empezamos a dar volteretas por todo el lugar. Yo comencé a sentirme mareado, pero la gente gritaba queriendo más. En el salón crecía un rumor cada vez más fuerte, mientras el techo parecía salir volando. Cuando pedimos otra bebida, el mozo se acercó con una bandeja”.

No tiene mucho sentido buscarle un significado literal a la letra, y eso puede comprenderse mejor si le echamos una mirada al contexto histórico: esta canción fue editada una semana después de que fuera presentado en sociedad el álbum “Sgt. Pepper’s Lonely Heart Club Band” de The Beatles, en pleno Verano del Amor y con la juventud con todo el Flower Power a flor de piel. En ese momento mágico, el Rock expandía sus límites casi a la velocidad de la Luz. Y todo estaba permitido. TODO. Porque todo era arte. Inclusive componer este tema que por todas partes huele a Bach: “Y así fue como entonces, mientras el molinero nos contaba su historia, la cara de ella; que en un principio sólo era fantasmal, se tornó en una blanca palidez”.

Esta canción terminó por ser más importante que la mismísima banda que le dio vida. Y a pesar de que las mieles del éxito siempre le sonrieron a esta melodía tan hermosa y evocativa, carga en su historial con una amarga contienda; debido a la demanda que en 2005, y luego de 38 años, llevó adelante el tecladista Mathew Fisher para con sus autores, Brooker y el letrista Keith Reed, ya que él fue quien ideó la tan reconocible melodía de órgano con que comienza la canción. Luego de que la causa diera varias volteretas en los juzgados –no hay nada que hacer, en la Justicia parece que nunca las cosas se resuelven de manera rápida y simple-, el señor Fisher fue incluido dentro de la autoría de este tema inoxidable: “Ella dijo: ‘no hay motivos, y la verdad se puede observar a simple vista’. Pero yo contemplé las opciones que tenía a mi alcance, y decidí que no la dejaría irse como una de las dieciséis vírgenes vestales que suelen partir hacia otras costas. Y aunque mis ojos estaban abiertos, bien podría haberlos tenido completamente cerrados”. Más allá de lo críptico de la letra, y de las disputas legales, nos ha quedado un clásico para la posteridad. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 8 de agosto de 2017

Capítulo 180: “Change His Ways”. Robert Palmer. (1988)

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Deprimartes animado:

“En lo profundo de la selva, él trataba de ganar su atención, y tal vez con otra estrategia lo hubiera conseguido. Él le dio un perfume y ella le mostró su navaja, entonces fue cuando decidió cambiar su manera de hacer las cosas”. Aquí Robert Palmer mete la pata. Ese gentleman que fue este cantante británico, ya se había posicionado en la ruta del éxito ni bien comenzaba la década del ‘80. Su gran voz, y su estampa de traje y corbata floja a la hora de subirse al escenario lo convertían en un personaje de lo más “cool”. Pero aún así… ¿Hacía falta cantar usando un falsete tirolés en un video animado de muy dudoso buen gusto sobre un pájaro mujeriego? 

La temprana muerte de este enorme cantante, que también formó parte del muy exitoso súper grupo Power Station junto a algunos de los integrantes de Duran Duran, lo sorprendió en la romántica ciudad de París, privando al mundo del Rock de uno de los últimos exponentes que quedaban del Blue Eyed Soul: “La vida sería mucho más excitante si pudiéramos vivirla día a día. Al menos podríamos ajustar las luces para poder iluminar nuestro camino”. Su imagen más conocida a través de varios de sus videoclips era casi un cliché que hoy ofendería a más de una feminista: se hacía acompañar por un puñado de esculturales modelos contoneándose en minifaldas, y que hacían las veces de instrumentistas de su banda. Esto fue parodiado en varias ocasiones –el más conocido de estos homenajes fue el que quince años después le hizo la cantante Shania Twain-; así que el mismo Robert Palmer, con el consabido humor inglés impreso en su genética, tenía licencia para mofarse de sí mismo y poner aquí también detrás suyo unas suculentas pajaritas en minifalda tocando instrumentos.

“Ella era una apostadora, él no podía culparla; ella tenía un lunar en la cara que le jugaba a su favor. Con eso lograba que a último momento él siempre tratara de conquistarla, y fue por eso que decidió cambiar su manera de hacer las cosas”. Tanto la letra de este videoclip como su estética misma nos habla de la hembra que se presenta en sociedad con toda la intención de ser tenida en cuenta como un producto de consumo. Se produce para para ser vista como un premio a conseguir. Aunque hoy arremetan con furia los aullidos rencorosos de los más recalcitrantes sectores feministas, hay que reconocer que a más de una mujer le ha resultado cómodo que el machismo proponga la situación en la que el hombre sea quien tenga que hacer todo para conquistarla… Y para mantenerla. Más allá de cuanto derecho ganado y merecido tenga el movimiento feminista, siempre les rondará como una sombra la figura de la cazadora de recompensas: “Él terminó por llevarse el amor que ella tanto ansiaba, y ella se quedó con sus ahorros. Eso casi arruina su reputación, así que finalmente cambió su manera de hacer las cosas. A ella no la volvía loca el comportamiento que él tenía, y menos cuando leyó por ahí que ahora estaba seduciendo a una bailarina, así que decidió cambiar su manera de hacer las cosas”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 1 de agosto de 2017

Capítulo 179: “Weapon Of Choice”. Fatboy Slim. (2001)

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Deprimartes volador:

“No te alarmes por el tono de mi voz. Mira mi nueva arma, el arma que elegí. Oh, sí”. Desde que ha comenzado el nuevo siglo, nuestro bien amado Rock & Roll ha parecido comprender que su época de gloria había terminado. Los años en que cargó sobre sus hombros el hecho de ser el marco cultural a través del cual se desarrollaron las revoluciones sociales más importantes de los últimos tiempos tuvieron que ver únicamente con ese Siglo XX al que tan bien definió Enrique Santos Discépolo como “un despliegue de maldad insolente”, cuando tan sólo había visto pasar un tercio del mismo. Y tal vez por eso, habiendo mirado hacia atrás, a todos los laureles que consiguió, fue que decidió correrse del “mainstream”, la corriente principal; o sea todo aquello que marca tendencia en la música. Y su trono sagrado en todos estos años ha sido ocupado por diversos inquilinos momentáneos y de mucha menor plusvalía cultural. Uno de ellos es sin duda la Música Electrónica, que funciona como un apropiado escape de nuestra existencia mundanal a la hora de encontrar un lugar multitudinario en el cual bailar bajo los efectos de algún psicofármaco. Su historia se hunde en la década del ’60 con la aparición de los primeros sintetizadores, y se ha ramificado tanto a través de los años que sus vertientes son incontables. Algunas de ellas están bastante emparentadas con el Rock, especialmente la corriente llamada Big Beat, representada por The Prodigy, The Chemical Broters, o quien hoy nos ocupa: Fatboy Slim.

“Escucha el sonido de mi voz. Puedes chequearlo, esta es mi arma elegida”. Que ese nombre no nos confunda y nos haga pensar que hablamos de una banda. Para nada, Fatboy Slim es el seudónimo que usa como DJ el señor Norman Cook, un músico devenido del Rock ochentoso; que supo ser bajista de la excelente banda The Housemartins, y a quienes ya tuve el honor de pasar revista en mis Deprimartes. Su interés en la electrónica y su buen gusto como músico rockero se amalgamaron para entregarnos algunas piezas memorables dentro del sonido bailable. Para esta maravilla de tema que les presento hoy, sampleó la introducción de la canción “Into My Own Thing” del grupo de Funk Rock de los años ’60 Sly & The Family Stone. Y vaya que quedó bien: “Puedes elegir esto, o puedes elegir aquello. Puedes elegir esto, o puedes elegir aquello”. Eligió bien, y terminó por quedarse con toda la música y mezclarla en su propio caldero, para ver qué tipo de hechizo le saldría: “O bien puedes elegir quedarte con nosotros”.

“Camina sin ritmo, así no atraerás al gusano. Camina sin ritmo y así no atraerás al gusano”. Aquí hay una referencia a la que probablemente sea la mejor saga que nos haya dejado la Literatura de Ciencia Ficción, “Dune”, de Frank Herbert. En el planeta desértico de Arrakis se extrae la especia más valiosa del Universo, la “Melange”, y para cosecharla hay que evitar llamar la atención de los enormes y peligrosos Gusanos de Arena. Como estos monstruos reconocían las vibraciones rítmicas como signos de una eventual presa, el aprender a caminar sin ritmo era una forma de evitar que aparecieran: “Pero si caminas sin ritmo, nunca aprenderás”. Aunque, tal cual reconoce la letra, si caminamos sin ritmo y los problemas no aparecen entonces nunca aprenderemos a enfrentarlos y resolverlos.


Estamos ante uno de los videoclips más consagrados de la historia. Dirigido por ese genio ganador de un Oscar que es Spike Jonze, y protagonizado por el también bailarín Christopher Walken –a quien volvemos a tener en este blog como participante de un video musical-, este corto se llevó el Grammy al mejor video del año y seis premios MTV en el año 2002. Inclusive ese mismo año la cadena VH1 lo elegió el mejor video de la historia: “Cultivado orgánicamente, hoy vago a través del hemisferio para hacerle el amor a los ángelez de luz, y por supuesto, a mi chica. Supongo que no entiendes que esto va más allá de ser un hombre, mientras me dejo llevar a la deriva por la noche, siento que vuelo”. La acción del videoclip resulta curiosamente simple y simpática. Un hombre se encuentra sentado solo en el lobby de un hotel, en un estado de somnolencia debido al ruido de unas aspiradoras lejanas. De buenas a primeras, y al compás del ritmo que escupe un equipo de música cercano, este buen señor salta de su asiento y comienza a ejecutar un paso de baile tras otro. Hasta allí, nada fuera de lo hilarante; sazonado con algún que otro plano fílmico digno del gran Kubrick. Pero es hacia el final del video que se plantea algo mucho más existencial, ya que en su soledad el bailarín comienza a flotar, a levitar y a volar. Siguiendo la ruta del interrogante zen que reza: “¿Hace ruido un árbol al caer en medio de un bosque si no hay nadie que pueda escucharlo?”, bien podríamos dejarnos llevar por ese pensamiento y especular que las personas cuando estamos solas somos libres. ¿Podemos volar sin alguien que nos diga que es imposible? Al menos, en nuestros pensamientos, sí. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 25 de julio de 2017

Capítulo 178: “Love Will Tear Us Apart”. Joy Division. (1980)

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Deprimartes epiléptico:

Joy Division fue una banda inglesa de cortísima duración –tan sólo llegaron a editar dos discos- y que pasó casi desapercibida en los charts británicos, pero cuya influencia terminó siendo primordial en la conformación de lo poco digno de rescatar que habría en el Rock de la década del ’80: “Cuando la rutina muerde fuerte y las ambiciones son muy bajas. Cuando el resentimiento se eleva, las emociones no crecen; y terminamos cambiando nuestros destinos, tomando diferentes caminos”. El sonido predominante del bajo en esta canción, llevando la melodía como si fuera un riff repetitivo, iba a terminar por transformarse en una norma a la cual se apegarían todos aquellos artistas que habían descubierto su veta creativa en el Punk y que ya sentían que ese movimiento tan efímero y básico no les alcanzaba para demostrar todo su talento.

Cabe destacar que los integrantes de este grupo terminaron por conformar otra banda aclamada por el público y la crítica: New Order, quienes supieron mezclar con una gran cuota de buen gusto la música Post-Punk que venían realizando con los nuevos sonidos de los sintetizadores. Pero esta reconversión debieron hacerla a la fuerza, ya que faltando sólo dos meses para editar su segundo disco, la pieza fundamental de Joy Division decidió terminar con su vida. Estoy hablando de su cantante Ian Curtis, un alma atormentada por sus propios demonios internos; esos que hacían que a diferencia del resto de los artistas Punk él le cantara a la desesperación y a la falta de confianza: “¿Por qué el dormitorio está tan frío? Tú me das la espalda desde tu lado de la cama. ¿Es que acaso no tuve la suficiente paciencia? Nuestro respeto mutuo está a punto de terminarse, y sin embargo todavía está esta atracción que nos hemos profesado durante toda la vida”. Otro de los monstruos que le retorcían la vida a Ian Curtis era su tremenda condición de epiléptico, la cual hacía que entrara en convulsiones con demasiada frecuencia; incluso en medio de sus shows. Y como frutilla del postre estaba su matrimonio disfuncional, al cual parece cantarle a lo largo de toda esta canción. Su personalidad depresiva se mezcló con su enfermedad, y al igual que le ocurrió al gran escritor ruso Fiódor Dostoyevski, ese cóctel no podría traerle nada bueno a su existencia. De hecho, la carga fue demasiada para este joven de Manchester, y finalmente decidió quitarse la vida ahorcándose a unos tempranos 23 años.

“Mientras duermes gritas todos mis errores. Y me va quedando un mal gusto en la boca a medida que la desesperación se apodera de esto, y hace que algo tan bueno ya no pueda funcionar más”. La letra de esta canción provoca frontalmente ese mensaje facilista y edulcorado que el Rock suele endilgarle al amor. Es cierto, el amor puede salvar tu vida, y puede que sea todo lo que necesites; pero también es cierto que el amor es filoso, oscuro y lacrimógeno. El amor puede iluminar tu vida, pero también es verdad que puede destruirla por completo. Así que mucho cuidado con el amor: “Entonces, resulta ser que el amor terminará por separanos otra vez”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 18 de julio de 2017

Capítulo 177: “Virtual Insanity”. Jamiroquai. (1996)

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Deprimartes insano:

“¿En qué estamos viviendo? Deja que te cuente”. Y así comienza esta diatriba, que por momentos suena casi rapeada, de parte de Jay Kay; frontman y fundador de esta banda imprescindible desde los años ’90 a esta parte. Y es que la música de Jamiroquai intentó ser definida con un término tan vago como inapropiado como lo es “Acid Jazz”, cuando en realidad describe una mixtura tan extraña como efectiva entre el Funk, el Disco, y los ritmos afroamericanos. Y vaya si es una buena mezcla, ya que su resultado final es una música que va desde el “Chill Out” al “Dance”, desde esa sensación agradable de estar en la compañía de amigos al ritmo atrapante que te arrastra hasta una pista de baile.

“Es un milagro que el hombre al menos pueda alimentarse, cuando unos problemas tan pequeños se han hecho tan grandes. Es como si hubiéramos conjurado algún tipo de maldición sobre nosotros mismos. Y me encuentro con que le brindo todo mi amor a este mundo sólo para encontrarme con que se me prohibe ver, que se me prohibe respirar, y que ya no nos dejan estar juntos”. Una cosa con la que se ha identificado siempre a Jamiroquai, además de la música más “cool” del planeta, es con que por lo general sus letras suelen traer implícitas algún tipo de mensaje social o ecológico. En este caso estamos ante una queja acerca de lo tan regulada que está la sociedad en la que vivimos, que no nos permite siquiera hacer aquellas cosas que nos harían sentir libres: “Y nada va a cambiar la forma en la que vivimos, porque parece que sólo podemos tomar lo que nos dan, pero no nos permiten aportar nada. Y ahora todo parece que está cambiando para peor. Es un mundo loco este en el que vivimos, y no logro ver a esa otra supuesta mitad del mundo que está inmersa en el pecado”.

 “Es todo lo que podemos hacer por esos futuros enteramente fabricados con la locura virtual que hay ahora, ya que siempre parecen estar gobernados por el amor que sentimos por nuestra nueva retorcida e inútil tecnología. Hasta el día en que ya no haya más sonidos, ya que continuaremos nuestra vida enterrados bajo el suelo”. Es increíble que la letra de esta canción de mediados de la última década del Siglo XX anuncie con tanta certeza lo que se vendría, y que vaya tan acorde a lo que ocurre ya bien entrado el Nuevo Milenio. Y es que la tecnología ha ido apropiándose cada vez más de nuestra vida. Tal es así que hoy vivimos un corte en el servicio de luz como si fuera una catástrofe bíblica. Necesitamos tanto de nuestra tecnología, que efectivamente pasa a convertirse –y a convertirnos- en algo retorcido e inútil. Parecer ser que la clave de este futuro es el siguiente lema: teléfonos cada vez más inteligentes y gente cada vez más estúpida: “Y estoy pensando en qué lío estamos metidos. Es difícil saber siquiera por dónde comenzar. Si tan sólo pudiera aflojar estos enfermizos lazos con los que el hombre común se ha aprisionado. Porque parece que ahora toda madre puede escoger el color de su hijo, y esa no es la manera en que la Naturaleza actúa; o al menos eso fue lo que me dijeron hasta ayer. Y ahora resulta que no nos queda más que rezar, así que creo que es tiempo de que yo funde mi propia nueva religión. Es tan loco, porque parece que vamos encaminados a sintetizar una nueva variedad de seres humanos. Hay algo en estos futuros que se avecinan que tendría que ser denunciado”.

“Ya no hay sonidos, porque todos estamos viviendo bajo el suelo. Y ahora sí que lo que hay es locura virtual, así que vete olvidando de tu realidad virtual. Sé que no hay nada tan malo como esto”. Aquí hay que hacer una mención especial al videoclip de este tema. Su director fue Jonathan Glazer, genio detrás de las cámaras de joyas de la historia del video como “The Universal” de Blur, y “Karma Police” de Radiohead; y en este caso no se queda atrás con la creatividad, ya que este es considerado uno de los videoclips más memorables de todos los tiempos. La falta de lógica con que las cosas se mueven en este cuarto trata de graficarnos aquello en lo que estamos viviendo hoy en día, tal cual nos lo quiso explicar Jay Kay desde el comienzo: “Locura virtual. Eso es en lo que estamos viviendo”. ¡Feliz Deprimartes!