martes, 25 de julio de 2017

Capítulo 178: “Love Will Tear Us Apart”. Joy Division. (1980)

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Deprimartes epiléptico:

Joy Division fue una banda inglesa de cortísima duración –tan sólo llegaron a editar dos discos- y que pasó casi desapercibida en los charts británicos, pero cuya influencia terminó siendo primordial en la conformación de lo poco digno de rescatar que habría en el Rock de la década del ’80: “Cuando la rutina muerde fuerte y las ambiciones son muy bajas. Cuando el resentimiento se eleva, las emociones no crecen; y terminamos cambiando nuestros destinos, tomando diferentes caminos”. El sonido predominante del bajo en esta canción, llevando la melodía como si fuera un riff repetitivo, iba a terminar por transformarse en una norma a la cual se apegarían todos aquellos artistas que habían descubierto su veta creativa en el Punk y que ya sentían que ese movimiento tan efímero y básico no les alcanzaba para demostrar todo su talento.

Cabe destacar que los integrantes de este grupo terminaron por conformar otra banda aclamada por el público y la crítica: New Order, quienes supieron mezclar con una gran cuota de buen gusto la música Post-Punk que venían realizando con los nuevos sonidos de los sintetizadores. Pero esta reconversión debieron hacerla a la fuerza, ya que faltando sólo dos meses para editar su segundo disco, la pieza fundamental de Joy Division decidió terminar con su vida. Estoy hablando de su cantante Ian Curtis, un alma atormentada por sus propios demonios internos; esos que hacían que a diferencia del resto de los artistas Punk él le cantara a la desesperación y a la falta de confianza: “¿Por qué el dormitorio está tan frío? Tú me das la espalda desde tu lado de la cama. ¿Es que acaso no tuve la suficiente paciencia? Nuestro respeto mutuo está a punto de terminarse, y sin embargo todavía está esta atracción que nos hemos profesado durante toda la vida”. Otro de los monstruos que le retorcían la vida a Ian Curtis era su tremenda condición de epiléptico, la cual hacía que entrara en convulsiones con demasiada frecuencia; incluso en medio de sus shows. Y como frutilla del postre estaba su matrimonio disfuncional, al cual parece cantarle a lo largo de toda esta canción. Su personalidad depresiva se mezcló con su enfermedad, y al igual que le ocurrió al gran escritor ruso Fiódor Dostoyevski, ese cóctel no podría traerle nada bueno a su existencia. De hecho, la carga fue demasiada para este joven de Manchester, y finalmente decidió quitarse la vida ahorcándose a unos tempranos 23 años.

“Mientras duermes gritas todos mis errores. Y me va quedando un mal gusto en la boca a medida que la desesperación se apodera de esto, y hace que algo tan bueno ya no pueda funcionar más”. La letra de esta canción provoca frontalmente ese mensaje facilista y edulcorado que el Rock suele endilgarle al amor. Es cierto, el amor puede salvar tu vida, y puede que sea todo lo que necesites; pero también es cierto que el amor es filoso, oscuro y lacrimógeno. El amor puede iluminar tu vida, pero también es verdad que puede destruirla por completo. Así que mucho cuidado con el amor: “Entonces, resulta ser que el amor terminará por separanos otra vez”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 18 de julio de 2017

Capítulo 177: “Virtual Insanity”. Jamiroquai. (1996)

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Deprimartes insano:

“¿En qué estamos viviendo? Deja que te cuente”. Y así comienza esta diatriba, que por momentos suena casi rapeada, de parte de Jay Kay; frontman y fundador de esta banda imprescindible desde los años ’90 a esta parte. Y es que la música de Jamiroquai intentó ser definida con un término tan vago como inapropiado como lo es “Acid Jazz”, cuando en realidad describe una mixtura tan extraña como efectiva entre el Funk, el Disco, y los ritmos afroamericanos. Y vaya si es una buena mezcla, ya que su resultado final es una música que va desde el “Chill Out” al “Dance”, desde esa sensación agradable de estar en la compañía de amigos al ritmo atrapante que te arrastra hasta una pista de baile.

“Es un milagro que el hombre al menos pueda alimentarse, cuando unos problemas tan pequeños se han hecho tan grandes. Es como si hubiéramos conjurado algún tipo de maldición sobre nosotros mismos. Y me encuentro con que le brindo todo mi amor a este mundo sólo para encontrarme con que se me prohibe ver, que se me prohibe respirar, y que ya no nos dejan estar juntos”. Una cosa con la que se ha identificado siempre a Jamiroquai, además de la música más “cool” del planeta, es con que por lo general sus letras suelen traer implícitas algún tipo de mensaje social o ecológico. En este caso estamos ante una queja acerca de lo tan regulada que está la sociedad en la que vivimos, que no nos permite siquiera hacer aquellas cosas que nos harían sentir libres: “Y nada va a cambiar la forma en la que vivimos, porque parece que sólo podemos tomar lo que nos dan, pero no nos permiten aportar nada. Y ahora todo parece que está cambiando para peor. Es un mundo loco este en el que vivimos, y no logro ver a esa otra supuesta mitad del mundo que está inmersa en el pecado”.

 “Es todo lo que podemos hacer por esos futuros enteramente fabricados con la locura virtual que hay ahora, ya que siempre parecen estar gobernados por el amor que sentimos por nuestra nueva retorcida e inútil tecnología. Hasta el día en que ya no haya más sonidos, ya que continuaremos nuestra vida enterrados bajo el suelo”. Es increíble que la letra de esta canción de mediados de la última década del Siglo XX anuncie con tanta certeza lo que se vendría, y que vaya tan acorde a lo que ocurre ya bien entrado el Nuevo Milenio. Y es que la tecnología ha ido apropiándose cada vez más de nuestra vida. Tal es así que hoy vivimos un corte en el servicio de luz como si fuera una catástrofe bíblica. Necesitamos tanto de nuestra tecnología, que efectivamente pasa a convertirse –y a convertirnos- en algo retorcido e inútil. Parecer ser que la clave de este futuro es el siguiente lema: teléfonos cada vez más inteligentes y gente cada vez más estúpida: “Y estoy pensando en qué lío estamos metidos. Es difícil saber siquiera por dónde comenzar. Si tan sólo pudiera aflojar estos enfermizos lazos con los que el hombre común se ha aprisionado. Porque parece que ahora toda madre puede escoger el color de su hijo, y esa no es la manera en que la Naturaleza actúa; o al menos eso fue lo que me dijeron hasta ayer. Y ahora resulta que no nos queda más que rezar, así que creo que es tiempo de que yo funde mi propia nueva religión. Es tan loco, porque parece que vamos encaminados a sintetizar una nueva variedad de seres humanos. Hay algo en estos futuros que se avecinan que tendría que ser denunciado”.

“Ya no hay sonidos, porque todos estamos viviendo bajo el suelo. Y ahora sí que lo que hay es locura virtual, así que vete olvidando de tu realidad virtual. Sé que no hay nada tan malo como esto”. Aquí hay que hacer una mención especial al videoclip de este tema. Su director fue Jonathan Glazer, genio detrás de las cámaras de joyas de la historia del video como “The Universal” de Blur, y “Karma Police” de Radiohead; y en este caso no se queda atrás con la creatividad, ya que este es considerado uno de los videoclips más memorables de todos los tiempos. La falta de lógica con que las cosas se mueven en este cuarto trata de graficarnos aquello en lo que estamos viviendo hoy en día, tal cual nos lo quiso explicar Jay Kay desde el comienzo: “Locura virtual. Eso es en lo que estamos viviendo”. ¡Feliz Deprimartes!


martes, 11 de julio de 2017

Capítulo 176: “Rent”. Pet Shop Boys. (1987)

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Deprimartes alquilado:

“Es fácil, es tan fácil”. Así de simple y conciso debería ser el manual del usuario para comenzar a ejercer la profesión más antigua del mundo: “Tú me vistes, soy tu marioneta. Tú me compras cosas, y yo amo que lo hagas. Me alimentas, lo necesito. Me das amor, y yo lo mantengo vivo”. Por extraño que pueda sonar, a veces el amor rentado es casi o aún más valedero que aquel que se entrega sin supuestamente esperar nada a cambio. En lo personal, jamás pagué por sexo, y es una de esas pocas cosas que estoy seguro que no haré hasta el día en que me muera, junto con fumar tabaco y hacer surf. Pero recuerdo bien la charla que una vez tuve con un taxista, que me explicaba los beneficios de recurrir a una trabajadora sexual frente al hecho de tener que salir a conquistar una mujer: mientras que uno se prepara toda una tarde para salir a ganarse los favores de un nuevo amor, invirtiendo una buena suma de dinero en salir a comer, a bailar, y demás menesteres, corre con la desventaja de que la fémina en cuestión puede echarse para atrás en cualquier momento, y aún usando la más barata de las excusas. Mientras que cuando uno paga, recibe lo que busca… Lógica pura. Aún así, seguiré sin pagar.

Pero no hay por qué vivir este tipo de relaciones como un mero intercambio comercial. Si la persona que hace el aporte económico, también conocido como “el caballo blanco”, sabe resguardar la dignidad de la parte que provee la materia prima afectiva, la relación puede convertirse en un amor tan bien falsificado, que ni aún el más avezado podría notar la diferencia con uno auténtico: “Y ahora míranos a los dos, llevándonos bien con todo lo que nos rodea. Nunca quise nada, y eso es fácil porque tú compras todo lo que necesito. Pero échale un vistazo a mis esperanzas, a mis sueños; dejar todo eso me costó tanto como el dinero que gastamos. Yo te amo, y tú pagas mi renta”. Como se ve en este videoclip, cuidando las formas, siempre es más sencillo relacionarse con quienes están un escalón más abajo en la pirámide social.

Los responsables de este tema son los Pet Shop Boys, un dúo inglés de Synth-Pop –de hecho, el dúo más exitoso de la historia británica, con más de veinte singles en el Top 10-, que tiene la particularidad de intitular a todos sus álbumes con una única palabra. Neil Tennant y Chris Lowe aún hoy continúan siendo los Chicos de la Tienda de Mascotas, y son muy reconocidos dentro del ambiente gay por su sonido y por la temática de sus letras; si bien ellos no necesariamente han hecho pública su orientación sexual: “Me llamaste en la tarde para hablar de los rumores, y me compraste caviar. Me llevaste a un restaurante en Broadway para contarme quién eres en realidad. Nunca, jamás discutimos; nunca calculamos el dinero que gastamos. Yo te amo, tú pagas mi renta”. En muchas de sus composiciones utilizan un lenguaje neutral, como para que pueda ser cantado sin asumir el género de quien canta.


“Y ahora míranos a los dos, llevándonos tan bien; a veces hasta terminamos en éxtasis. Las palabras significan tan poco, y el dinero menos, cuando te recuestas a mi lado”. Para aquellos que piensen que la música electrónica demanda un muy poco uso de talento, pueden darse una idea de que este tema se convierte en una hermosa versión acústica cuando la tocan en vivo, acompañándose sólo con una guitarra. Y se quejan de que nunca los invitaron a tocar en el programa “MTV Unplugged”… En fin… ¡Feliz Deprimartes!

martes, 4 de julio de 2017

Capítulo 175: “Reflections Of My Life”. Marmalade. (1969)

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Deprimartes reflexivo:

“El cambio de la luz del sol a esta luz de luna me deja lleno de reflexiones sobre mi vida. Oh, cómo llenan mis ojos. Los saludos de la gente que está en problemas, mientras reflexiono sobre mi vida, también llenan mis ojos”. Marmalade fue el primer grupo escocés en llegar al Nº1 de las listas británicas, y lo hicieron con su versión de un tema de los Beatles que ni siquiera los Fab Four habían sacado como un sencillo, porque sabían que todo el mundo la terminaría por odiar: “Ob-La-Di Ob-La-Da”. Y los chicos de Marmalade festejaron su éxito presentándose en la TV inglesa para interpretar el tema todos vestidos con “kilts”, las típicas polleras del pueblo de las gaitas. Historia muy colorida como para venir de la misma banda que luego editaría este tema tan meditabundo: “Oh, mis penas y mi futuro tan triste me llevan de vuelta a mi hogar. Oh, mis lágrimas cayendo, siento que estoy muriendo. Me muero”.

Esta canción con letra tan evocativa está adornada con unas increíbles armonías vocales en los coros, tan bien ensambladas que recuerdan a las que hacían The Hollies. Y el muy logrado solo de guitarra tiene la particularidad de contener algunos fraseos que están grabados y reproducidos al revés: “Estoy cambiando, arreglándome; estoy cambiando. Cambiando todo, cambiándolo todo a mi alrededor”.


Todo el clima en que nos envuelve esta balada remite a esa sensación de no pertenencia en que nos deja sumida la melancolía, especialmente cuando se apodera de todos nuestros pensamientos y nos lleva a esos momentos en que éramos realmente felices. Es un difícil arte ese de viajar hacia nuestro propio pasado sin perder la dignidad, para reconfigurar recuerdos y lograr que nuestra vida tenga un carácter más heroico. Es una pericia que logramos aquellos que ya contamos con varias décadas en nuestro prontuario. Pero lo realmente difícil es sobrellevar el pesado desasosiego con que los recuerdos hermosos nos devuelven cruelmente a nuestro presente gris: “El mundo es un lugar muy feo, un terrible lugar en el cual vivir, pero no quiero morirme”. Por el momento, yo tampoco quiero morirme. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 27 de junio de 2017

Capítulo 174: “Runaway Train”. Soul Asylum. (1992)

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Deprimartes alternativo:

La definición de Rock Alternativo es tan amplia y difusa que a lo largo de los años ha ido perdiendo su significado inicial. En teoría se trata de una vertiente del Rock nacida hacia finales de la década del ’80 que trata de escapar de todo lo que le era impuesto a la música popular por ese entonces, valiéndose de sonidos y de instrumentos musicales poco tradicionales; y prestándole mayor atención a todo lo que surgiera de la cultura under, e intentando representarla. Su idea era la de escapar de todo lo que fuera popular y comercial, pero le ocurrió lo mismo que le ocurre a toda vanguardia: se terminó transformando en parte integral de todo aquello que pretendía cambiar. De repente, todos hacían Rock Alternativo; y tan así fue que por aquella época esta definición terminó por usarse equivocadamente para identificar a todo el Rock en su conjunto. En medio de todo ese menjunje sin mucho norte, es que sobresale Soul Asylum, y éste –su tema más exitoso- es un excelente ejemplo del Rock Alternativo: “Te llamé en medio de la noche, como una luciérnaga sin una luz. Pero tú estábas ahí como si fueras una antorcha ardiendo lentamente, mientras que yo era una llave lista para ser girada. Estaba tan cansado que ni siquiera podía dormir. Con tantos secretos que ya no podía mantener. Me prometí a mí mismo que no lloraría, y resultó ser una promesa más que no pude cumplir”.

Videoclip emblemático de la época en que MTV había alcanzado la madurez a la hora de presentar videos en serio, justamente aborda una problemática por lo general olvidada: los jóvenes que abandonan sus hogares y desaparecen de la faz de la Tierra. Y la letra enfoca la huida desde el punto de vista de aquel que decide emprender el escape: “Parece que nadie puede ayudarme ahora, estoy en un abismo y no hay forma de salir. Esta vez sí que me salí de mi camino”. Además de ver a la banda tocando y cantando este tema, en el videoclip nos vamos topando con fotografías de jóvenes, a los que sucede una leyenda con su nombre y la fecha desde la que están desaparecidos: “¿Podrías ayudarme a recordar cómo sonreír? Haz que de alguna forma todo vuelva a valer la pena. ¿Cómo diablos es que me siento tan cansado? Ya los misterios de la vida me parecen tan descoloridos…”. Se hicieron varias versiones de este video, para distintos países en los cuales se transmitió –incluso se hicieron tres versiones distintas para los EE.UU., para ser aireado en zonas diferentes-, presentando casos de chicos desaparecidos de esas zonas. La idea de la banda siempre fue la de utilizar este videoclip como una forma de contactar a estas personas extraviadas y que pudieran regresar a sus hogares: “Me tomé este tren fugitivo para nunca más volver. Aunque vaya a contramano por la vía equivocada, parece como si estuviera llegando a algún lugar. Y es una manera de no estar ni aquí ni allá”.


Por supuesto que la enorme mayoría de la gente no reparaban en el hecho de que aquellos que habían huido lo hicieron por algo. Quien huye intenta liberarse de algún tipo de opresión, de alguna situación que le carcome el alma, de una problemática que envuelve su existencia en tinieblas. Y necesita sentirse libre: “Ahora puedo ir adonde nadie más puede ir. Sé lo que nadie más sabe. Aquí estoy, ahogándome bajo la lluvia, con un boleto para un tren fugitivo. Ahora todo parece tan preciso, el día y la noche, el cielo y la tierra. De alguna manera, simplemente no me lo creo”. Hubo, por supuesto, casos que terminaron de una manera feliz. Chicos que se reencontraron con sus hogares. Pero no todos ellos pudieron escaparle a su triste historia. Muchos jóvenes encontrados se vieron forzados a volver a la realidad de un hogar problemático, con padres violentos o con las mismas situaciones de las cuales habían huído. Y también, hubieron quienes jamás regresaron. Con el tiempo se supo del trágico destino de varias de las personas que aparecen a través de la canción, ya que en varios casos, se los encontró muertos. Y varios otros, simplemente nunca aparecieron… O no quisieron aparecer: “Compré un boleto para un tren fugitivo. Me siento como un loco que ríe bajo la lluvia. Un poco ido, un poco desquiciado, pero aún así esto es más fácil que lidiar con el dolor. Tren fugitivo, no vuelvas nunca más. Tren fugitivo, vete rasgando las vías. Tren fugitivo, quemándome las venas. Huyo, pero nada parece haber cambiado”. Feliz Deprimartes para todos.

miércoles, 21 de junio de 2017

Capítulo 173: “Rough Boy”. ZZ Top. (1985)

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Deprimartes endurecido:

Si partiéramos de viaje al futuro para ver cuál ha sido el destino de la raza humana, es muy posible que nos encontremos con algo como esto: una realidad espacial que parecerá muy cercana al dieselpunk. Un entorno en el cual no es posible apreciar los cuerpos enteros de otras personas, sino que sólo vemos partes humanas y electrónicas amalgamadas. ¿Es que acaso el afán de sobrevivir nos ha llevado a evolucionar en engendros biomecánicos? ¿Es ese nuestro futuro como especie? Al menos, eso es lo que propone este videoclip de ZZ Top, pero a juzgar por la letra, si hay algo que aún no habremos perdido, será el corazón: “¿Qué diablos es lo que me pasa? Ni siquiera tengo un tercio de chance contigo. No sé qué decir, no se me ocurre nada; pero si me das sólo un minuto te prometo que algo se me irá ocurriendo”.

Estos sureños con pinta de locos suelen estar siempre al final de todos los diccionarios de Rock. Los ZZ Top, si bien atravesaron toda la década del ’70, fue recién en los ’80 que lograron un masivo éxito; especialmente con sus videoclips en los cuales siempre se veía una Ford Coupé de 1933 totalmente customizada –que en el videoclip de esta canción aparece convertida en nave espacial-, y cuyo llavero tenía la insignia del grupo: “Yo soy el que puede hacer que el calor se vaya, soy ese del que todos dicen que no puede ser vencido. Así que te lo diré sin rodeos, y te miraré a los ojos; así que dame sólo un minuto y voy a contarte por qué soy un chico duro. Soy un chico duro”.

Cuentan con la particularidad de conservar a sus mismos tres integrantes a lo largo de su extensísima historia. El grupo está compuesto por los barbudos Billy Gibbons y Dusty Hill como guitarrista y bajista respectivamente, mientras que en la batería lo tenemos a Frank Beard, quien a pesar de que su apellido significa “barba” en inglés, es el único integrante de este Power Trío que no la tiene. Al llegar la década de los ’90, se dedicaron principalmente a hacer giras y a aparecer en la película “Volver al futuro III”, pero nunca desaparecieron del todo de la escena musical: “No me importa qué concepto tengas de mí, yo soy el indicado y ya lo verás. Podemos hacer que esto funcione, podemos hacerlo realidad”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 13 de junio de 2017

Capítulo 172: “Hit The Road, Jack”. Ray Charles. (1961)

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Deprimartes echado:

Los primeros años de la década del ’60 amanecían como una incógnita para el que fuera el movimiento musical que tomó al mundo por sorpresa a mediados de los años ’50. Prácticamente todos los próceres del Rockabilly, estaban atravesando algún tipo de inconvenientes que los alejó de la fama (Elvis en el ejército, Chuck Berry preso, Jerry Lee Lewis abandonado por su público al ser descubierto teniendo un “matrimonio” con una primita de trece años), o bien habían muerto demasiado jóvenes (Buddy Holly, Ritchie Valens, Eddie Cochran). Lo poco que quedaba de aquel movimiento, como el Surf Rock y el Twist, era demasiado festivo como para ser considerado un movimiento serio. El mundo adulto sonreía al ver que la supuesta revolución juvenil se quedaba sin sus referentes; sin sospechar siquiera lo que se estaba cocinando del otro lado del Atlántico y que en sólo un par de años convertirían al Rock en arte… Mientras tanto, entre la comunidad musical afroamericana venía surgiendo algo de la fusión del Jazz, el Gospel, y el Rythm & Blues, y se terminaría llamando Soul: “¡Ya lárgate, Jack; y no te atrevas a volver nunca, nunca, nunca más. Toma la ruta y lárgate, Jack; y ya no regreses jamás!”. Estamos ante un híperconocidísimo himno de un tiempo en que el Rock parecía caminar por la cuerda floja, y en el cual los más talentoso músicos jazzeros incursionaban en nuevos ritmos que proveyeran horizontes más prometedores. El Soul tiene como particularidad, además de esa obvia raíz negra que le da tanto sentimiento, un carácter conversacional; un diálogo que se produce en las letras de sus canciones entre el solista y el coro. Es por eso que luego de tal exigencia de parte de la voz femenina, le responde un hombre sorprendido, diciendo: “¿Qué dijiste?”.

“Oh, mujer; no me trates tan mal. Eres la mujer más malvada que he visto. Pero supongo que si esa es tu última palabra, empacaré mis cosas y me iré de aquí”. Y quien aquí la juega de hombre en desgracia es todo un símbolo en persona llamado Ray Charles. Talentosísimo pianista y aún mejor compositor, ciego desde los siete años; otro héroe del Rock como Billy Joel se ha atrevido a señalar que Ray tal vez haya sido más importante que el mísmisimo Elvis. Nacido en Georgia, en la parte más recalcitrante en cuanto a racismo del sur estadounidense, su capacidad musical fue tanta que pudo triunfar aún en una época en la cual la conquista de los Derechos Civiles todavía estaba en plena batalla; y a más de uno le corría un escalofrío por el espinazo de tan sólo pensar que este músico de raza negra pudiera ser tan exitoso: “¡Así es!”. Le espeta la mujer que –talentoso o no- aún espera que se largue de su casa.

“Nena, escúchame, no me trates de esta forma; porque algún día volveré a ponerme de pie”. Nada hay más común en este planeta que las peleas de pareja. Por malentendidos, por contraposición, o sólo por la diversión de verle el ceño fruncido a nuestra compañía; las discusiones pueden resultar tanto el motor de una relación de a dos, como su propia ruina. A las afirmaciones masculinas suelen sucederle sentencias femeninas que realmente suenan a últimas palabras: “No me importa si lo haces o no, porque una cosa tengo en claro: si no tienes dinero ya no me sirves para nada”.

El pobre Ray, viendo que su matrimonio está herido de muerte, se queda desgranando frases sueltas como: “No te comprendo”, “no puedes decirlo en serio”, “oh, vamos, nena; por favor”, “¿qué estás intentando hacerme?”. Por supuesto que no espera respuesta, porque la decisión final de seguro ya estuvo en una mirada cargada de odio de parte de su mujer. Así es la vida… ¡Feliz Deprimartes!

martes, 6 de junio de 2017

Capítulo 171: “Freedom Of Choice”. DEVO. (1980)

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Deprimartes elegible:

DEVO han venido a anunciar que el hombre está “devolucionando”, o sea, evolucionando hacia atrás. La sociedad de consumo se encarga de volver a los individuos en seres uniformes y predecibles, cuyo comportamiento puede ser estudiado y manejado a voluntad. Es una realidad espantosa, así que… ¡Qué mejor que tomárselo con humor!: “Eres una víctima de una colisión en mar abierto, nadie dijo que la vida iba a ser gratis. Ahora bien, puedes hundirte y ahogarte, o irte a pique con el barco. Pero usa tu libertad para elegir. Lo diré otra vez, en la Tierra de los Libres: usa tu libertad para elegir”.

DEVO es una banda norteamericana de Post Punk conformada por unos loquitos con muchísima pinta de nerds. Se hicieron famosos ni bien entrada la década del ’80 –aunque ya hacía varios años que venían girando- gracias a sus temas festivos impregnados de letras sarcásticas, y también gracias al uso en escena de unos increíbles sombreritos plásticos escalonados que aún hoy son su marca personal. A pesar de haberse convertido en una banda de Synth-Pop, nunca dejaron de darle preminencia al potente sonido de sus riffs de guitarras. Pero su mayor virtud siempre ha sido la de saber reírse de sí mismos, no por nada uno de sus álbumes se titula: “¡Oh, no; es DEVO!”: “En la Antigua Roma había un poema acerca de un perro que encontró dos huesos. Elegía a uno, luego lamía el otro, empezó a dar vueltas, y al final se murió sin elegir ninguno”.

En una escena del casi inexplicable videoclip de este tema se nos muestra a un par de personas indecisas sobre las opciones que la vida les presenta: “Entonces, cuando ya lo tienes, no lo quieres. Esa parece ser la regla general. No te dejes engañar por lo que ves, siempre hay dos maneras de hacer las cosas”. Elegir entre una granada o un revólver. Maximizar el daño o ser preciso. Elegir entre una tanga o una pantufla. Ser sexy o ser una buena ama de casa. Cada elección que hacemos determina una infinitud de cosas que no hemos elegido, y que por lo tanto nunca llegaremos a ser. Elegir es ser. Y eso significa renunciar a ser una multiplicidad de otras cosas. Elegir es difícil, es odioso. De eso se trata esta humorada. Ojalá ya no tuviéramos que elegir, y así todos seríamos lo mismo… Vaya pesadilla: “Libertad de elección. Es lo que tienes. Liberarte de la elección. Es lo que en verdad quieres”. ¡Feliz Deprimartes!

sábado, 27 de mayo de 2017

Capítulo 170: “Somebody To Love”. Jefferson Airplane. (1967)


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Deprimartes aeronáutico:

Otra banda de San Francisco, y como dicta la norma, tenían que hacer Rock Psicodélico. Este tipo de Rock, además de su más que obvia inspiración y exacerbación por las drogas psicotrópicas –especialmente el LSD-, tenía su origen en el Folk, del cual guardó siempre el gusto por la poesía, sumándole la potencia que le podían infligir los instrumentos eléctricos… Y la imaginación viajando hacia sus límites gracias al ácido lisérgico. Aquí, la poderosa voz de la cantante Grace Slick le gritaba a la audiencia lo que, aproximadamente, cualquier manifiesto hippie hubiera expresado: “Cuando te des cuenta de que la verdad son sólo mentiras, y toda tu alegría interior se muera… ¿No querrás tener a alguien a quien amar? ¿No necesitarás tener a alguien a quien amar? ¿No amarías tener a alguien a quien amar? Lo mejor para ti sería que encuentres alguien a quien amar”. Eso fue todo lo que el Verano del Amor le dijo a la Humanidad: cuando te des cuenta de que todo lo que el mundo te está ofreciendo son sólo mentiras, busca a alguien con quien compartir el amor verdadero.

“Cuando las flores de tu jardín, nena, ya se hayan muerto, sí; y cuando toda tu mente esté llena de color rojo…”. De eso nos habla este himno de la Contracultura: de despertar, de darse cuenta de que lo establecido no son más que flores muertas, las relaciones son fingidas, el amor trascendental poco y nada tienen que ver con el sexo, que empieza ya a abandonar su pedestal de tabú para pasar a ser moneda corriente entre los Hijos de las flores. La verdadera revolución ya se ha gestado, la guerra ya se ha librado y se ha ganado; porque se peleó en lo profundo de la mente. Somos libres porque rompemos con todo lo anterior, ya no hay un Orden Divino que se nos aplique, ni un sentido común impuesto por la sociedad que pueda detener el desplegar de las alas de la imaginación. Por supuesto, siempre habrá quien no entienda el mensaje: “Tus ojos, yo digo que tus ojos puede que se vean como los de él; sí, pero en tu cabeza me temo que ni siquiera sabes de qué te estoy hablando”.


Tal como el éxito de esa obra maestra que fue su disco Surrealistic Pillow (Almohada Surrealista), al sueño del Aeroplano de Jefferson le llegó la hora de aterrizar y de volver a la vigilia. De a poco, su vuelta hacia un Hard Rock más orientado hacia la improvisación ya no les quedaría tan bien, y los ránkings dejarían de sonreírles: “Las lagrimas caen una y otra vez sobre tu pecho, y aún hasta tus mejores amigos te tratan como si fueras un invitado de segunda categoría”. De todas maneras, y más allá de haberse reinventado un par de veces con otros nombres (Jefferson Starship, y luego sólo Starship), nunca nadie les quitará su lugar como próceres de la época psicodélica. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 23 de mayo de 2017

Capítulo 169: “What Are You Doing With A Fool Like Me?”. Joe Cocker. (1990)

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Deprimartes tonto:

“A veces te miro mientras duermes y no puedo creer que estés aquí conmigo. Tengo que pellizcarme para asegurarme de que no estoy soñando. Oh, algo tan bueno… ¿Cómo puede estar pasándome a mí?”. La voz quejumbrosa que se pregunta estas cosas no es la de un negro, aunque suene así. Estamos frente al enorme Joe Cocker, dueño de una voz oscurísima bajo su piel caucásica; una de las mejores y más reconocibles que nos ha dejado el Rock. Un talento que supo brillar en el mítico Festival de Woodstock, y que si bien en lo años ’70 atravesó sus años oscuros, con adicciones de todos los colores, revivió casi mágicamente en los años ’80; donde incluso hasta se dio el gusto de ganar un Oscar. Pero eso no lo hizo perder la humildad, y como muestra, que baste este simple botón: el gran Joe, al final de este videoclip, se toca suavemente la garganta; como agradeciéndole a ese don casi divino todo lo que le dio a lo largo de su extensa y exitosa vida.

“Nunca fui de esa clase de personas que tienen suerte, pero mi vida cambió cuando entraste por esa puerta. Ahora me siento más afortunado de lo que alguna vez soñé ser”. Es casi la historia de mi vida lo que se relata en esta canción. Desde muy niño he padecido de una sensación de carencia absoluta de suerte. Por alguna extraña razón, siempre supe que las cosas me saldrían mal, aún antes de intentarlas. Y más allá de que por lo general el fracaso era la frutilla de mi postre, esta mentalidad tan nociva siempre me hizo perder el disfrute por aquellas cosas que sí lograba conseguir. Había en mí una última desconfianza, una idea de que aquello que lograra no me era merecido, por más esfuerzo que le hubiera dedicado. Aquél éxito tenía que tener algo malo, sólo que no lograba darme cuenta: “¿Qué estás haciendo con un tonto como yo? Podrías haber encontrado a alguien mejor, alguien que fuera mejor que yo. Pudiste haber encontrado a cualquier persona, tan sólo no puedo entender qué estás haciendo con un tonto como yo”.


Y así de difícil se me hicieron las cosas en el amor. Tanto me ha costado aceptar que soy capaz de merecerme ciertas cosas buenas, que en más de una ocasión me comporté como para no ser merecedor de lo que me estaba pasando. Pero sólo era un tonto lleno de miedo, sin saber qué era lo que tenía que hacer: “Sé que estar conmigo no es fácil. Parece que nunca sé decir las cosas que se supone que diga; es como si nunca estuviera ahí cuando me necesitas, nena. A veces tú me miras y yo tan sólo atino a darme la vuelta. Soy sólo un soñador con la cabeza en las nubes, tú deberías alejarte de mí, pero aún así decides quedarte. Te he dado sólo lluvia y tú te las arreglas para ver el arcoiris”. Pero algo de bueno debía de tener. Porque la vida me obsequió el amor de una niña joven y llena de vida, que nos empuja hacia adelante a mí y a mi pesimismo, tratando de hacerme comprender que vivir la vida de esta manera muy posiblemente valga la pena. No tiene sentido seguirse preguntando por qué insiste en querer hacerme feliz: “Te quedas a mi lado en las buenas y en las malas. ¿Por qué? Nunca lo sabré”. Gracias por todo a ella... ¡Y feliz Deprimartes!

martes, 16 de mayo de 2017

Capítulo 168: “Mountain Of Love”. Johnny Rivers. (1964)

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Deprimartes montañés:

“Parado en la cima de una montaña, mirando hacia la ciudad que está abajo, siento la misma tristeza que siente un perro perdido. Las lágrimas caen por la ladera de la montaña. Tantas veces estuve aquí, tantas veces he llorado. Porque solíamos ser felices cuando estábamos enamorados, sentíamos que estábamos en lo alto de una montaña de amor”. Se me escapa una lágrima al escuchar este tema. Y es que yo crecí escuchando este tipo de canciones. Mis padres han sido toda la vida fanáticos enfermos de la música de Creedence Clearwater Revival y de Johnny Rivers. Les es imposible aún hoy, ya bien entrados en años, escuchar un tema como éste y no saltar de la silla y ponerse a bailar Rock & Roll de la manera clásica, esa forma de bailar que se aprendía agarrando el picaporte de una puerta. Tan conectados estuvieron siempre con esta música entre campirana y enérgica, que llegaron al segundo puesto de un concurso de baile de Rock… ¡Con mi madre embarazada de ocho meses, a punto de dar a luz a mi hermano! Y así fue que mi infancia estuvo siempre adornada por temas como “The Seventh Son”, “Memphis Tennessee”, “Secret Agent Man”, “John Lee Hooker ‘74”, “The Midnight Special”, o el que aquí les traigo: “Noche tras noche me quedo aquí arriba, parado en soledad; y mi corazón llora hasta que llega el frío y gris amanecer. Me la paso rezando para que te sientas sola y vengas aquí tú también, con la esperanza de que por casualidad pueda conseguir verte aunque sea por un instante. Trato con todas mis fuerzas de encontrarte por algún sitio aquí arriba, en esta montaña de amor”.

Este guitarrista y cantante sureño -en quien obviamente está basado el personaje que Val Kilmer interpreta en la comiquísima película “Top Secret”- nació llamándose John Ramistella, y recibió su nombre artístico de “Johnny Rivers” de parte de nada más ni nada menos que de Alan Freed, el mismo disc jockey a quien se le atribuye la invención del término “Rock And Roll”; y con este seudónimo que evocaba la fuerza del río Mississippi, tomó por sorpresa los charts americanos con apenas 22 años, gracias a una serie de exitosísimos singles: “Una montaña de amor, una montaña de amor. Deberías sentirte avergonzada. Nosotros solíamos ser como una montaña de amor, pero tú preferiste cambiarte de nombre”. Desde la década del ’80 en adelante, lo más notorio de su carrera ha sido el poner de moda la barba tipo “mosca”, que usó en casi todas sus presentaciones.

A pesar del tono festivo y despreocupado de la melodía, y de lo simple de la letra, es obvio que el protagonista de esta canción lidia con emociones muy hondas. Va a dejar secar su corazón destrozado en la cima de una montaña, como para emular el sentimiento que lo acompañaba mientras estaba en pareja, arriba de una montaña de amor y mirando al mundo a sus pies. Ese mismo tono despreocupado nos deja flotando en el aire una sensación de que en el futuro todo esto también quedará en el olvido: “Camino abajo vive medio millón de personas, y en algún lugar hay una iglesia con un alto campanario. Dentro de la iglesia hay un altar lleno de flores. Están sonando las campanas de casamiento, y deberían sonar por nosotros. Por eso es que estoy tan solo, mis sueños se fueron barranca abajo, desde lo alto de esta montaña de amor”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 9 de mayo de 2017

Capítulo 167: “Common People”. Pulp. (1995)

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Deprimartes común:

Ya he tenido oportunidad de hablar del Britpop -al que considero el último movimiento genuino que tuvo el Rock & Roll antes de entrar en el estado catatónico en el que cayó con el advenimiento del nuevo siglo- y de sus más significativos representantes: Blur y Oasis. Pero había un pequeño batallón de otras bandas que formaban parte de ese movimiento, que había nacido como una respuesta europea al compacto Grunge americano. Los grupos que componían el Britpop no compartían un sonido específico que los identificara, por lo tanto el movimiento fue mucho más amplio desde lo musical, y así fue como a mitad de los años ’90 los charts comenzaron a poblarse con nombres como los de Suede, The Verve, Supergrass, Elastica, Radiohead… Y Pulp, la banda liderada por el carismático cantante y compositor Jarvis Cocker, que aquí nos cuenta una anécdota de sus años de escuela; cuando conoció a una chica extranjera que estudiaba con él: “Ella llegó de Grecia, tenía sed por el conocimiento. Estudió escultura en el Colegio Saint Martin’s, y allí fue donde atraje su atención. Me contó que su padre era rico, y yo dije: ‘En ese caso pediré Ron con Coca-Cola’ y ella dijo: ‘Está bien’. Y luego de un lapso de treinta segundos ella dijo: ‘Quiero vivir como una persona común, quiero hacer las cosas que una persona común haría. Quiero dormir con gente común, quiero dormir con alguien común y corriente como tú’. Bueno, ¿qué se supone que debía hacer? Y le dije: ‘Oh… Déjame ver qué puedo hacer’”. Sadie Frost, la actriz que personificó a Lucy Westenra y que volvió loco al vampiro en el Drácula de Francis Ford Coppola, aquí le presta su cuerpo a esta supuesta estudiante de intercambio griega, hija consentida de un padre con plata; y objeto del deseo del cantante, a quien en realidad le explica que lo que está buscando es descender de nivel y rebajarse a ser como toda esa gente ordinaria y gris que se mueven por las aceras con actitud cabizbaja mientras ella los ve como parte del paisaje desde la seguridad del asiento trasero de su limusina.

El videoclip está plagado de esa gente común, quienes aparecen en el fondo repitiendo movimientos rutinarios en ciclos que duran aproximadamente un segundo. Esto no sólo funciona como un adecuado homenaje al fragmento de la película “Yellow Submarine” en que se escucha el glorioso tema “Eleanor Rigby”, sino que grafica a la perfección ese devenir diario que sufrimos aquellos simples mortales, a quienes la cotidianeidad se nos transforma en rutina y nos vuelve prisioneros de las pocas seguridades que logramos hacer costumbre por simple repetición. Es un concepto que unos años después también R.E.M. plasmaría con éxito en el videoclip de su canción “Imitation Of Life”: “La llevé a un supermercado, no sé por qué pero tenía que empezar por llevarla a algún lado. Y la llevé allí. Le dije: ‘Finge que no tienes dinero’, ella se rió y me dijo: ‘Oh, eres tan gracioso’. Y le dije: ‘¿Sí? Porque no veo que nadie más se esté riendo por aquí. ¿Estás segura de que quieres vivir como una persona común? Quieres ver lo que la gente común ve, quieres dormir con gente común, quieres dormir con una persona común como yo’. Pero ella no me entendió, tan sólo sonrió y me tomó la mano”. Lo primero que hace nuestro antihéroe afortunado con esta delicia de mujer, que se le ofrece como si fuera una muestra gratis o un producto en promoción, es llevarla a un supermercado. Seguramente la llevaría para mostrarle algo tan cotidiano, tan absoluta y totalmente normal para el resto de los mortales, que es probable que una semidiosa del mundo de la gente millonaria apenas lo conozca por rumores. Gente como ella ni siquiera sabe de dónde sale la comida que come: “Alquila un departamento arriba de una tienda. Córtate el pelo y consigue un trabajo. Fuma unos cigarros y juega un poco al pool. Finge que nunca fuiste al colegio, y aún así no lograrás entenderlo. Porque cuando te tires en tu cama por la noche, mirando a las cucarachas que trepan por la pared, sabes que puedes llamar a tu Papito para que detenga toda esa locura”. Y no olvidemos que en caso de que ocurra una catástrofe, siempre está la opción de llamar a Papito. No hay caso, esta clase de gente se cree otra clase de gente. Y de hecho, lo es. No por nada quien está metido en el carrito de las compras es el cantante, uno más de las personas comunes. La gente adinerada puede darse el gusto de tratar a los pobres como si fueran un bien de consumo. Y, reconozcámoslo, los pobres dejamos que lo hagan gustosamente.

El video parece esforzarse en demostrarnos que no es fácil ser pobre. Es algo ingrato y plagado de sinsabores; y en última instancia las pocas alegrías que este tipo de vida nos depara son cosas increíblemente estúpidas: “Nunca vivirás como la gente común. Nunca harás las cosas que la gente común hace. Nunca fracasarás como la gente común. Nunca verás cómo tu vida se desperdicia mientras bailas y bebes y tienes sexo solamente porque no hay nada más que sepas hacer”. Tal vez por lo único que se haya escuchado el nombre de Jarvis Cocker en estas pampas haya sido por el incidente de los Britawards del ’96. Y esa noche ocurrió que mientras Michael Jackson se presentaba cantando su canción “Earth Song” junto a un coro de niños, el Señor Cocker no pudo soportar el mal gusto con que la vida se lucía al poner en escena a un artista con un par de juicios con cargos de pedofilia cantando como una figura mesiánica frente a un grupo de chiquillos, y entonces irrumpió en el escenario en plena canción, hizo un par de monigotadas, y blandió su trasero frente a toda la audiencia. La broma le valió una noche de arresto y el despegue definitivo de la popularidad de su banda. Porque algo nos dejaba en claro ese incidente: siempre habría alguien pensante como este caballero, capaz de conservar una pizca de sentido común frente a la realidad, como para entender que todo carece del más mínimo significado: “Canta junto a la gente común, canta y tal vez logres amoldarte a ellos. Ríete junto a la gente común, ríete aunque sepas que sólo se están riendo de ti, y de las cosas estúpidas que haces sólo porque crees que ser pobre está bien”. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 2 de mayo de 2017

Capítulo 166: “Rock Lobster”. The B-52’s. (1979)

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Deprimartes crustáceo:

“¡A rockear!”: grita en un momento de esta canción el vocalista Fred Schneider. Y a eso se han dedicado siempre. A lo largo de los años, ha sido imposible tomarse a los B-52’s en serio. Y es que ellos mismos han hecho de su carrera una enorme broma, un proyecto musical con la liviandad de una estudiantina que se ha descontrolado más de la cuenta. Eso no quita que se pueda intentar analizar lo más seriamente posible todo lo que hicieron para entrar en la historia grande del Rock. Pero nuevamente, ponernos serios con ellos es un tanto costoso; especialmente considerando letras como ésta: “Estábamos en una fiesta, y su lóbulo se cayó en un abismo. Alguien fue y lo agarró. ¡Era una langosta rockera!”.

La intención de esta festiva banda de Georgia nunca parece haber sido otra que la de divertir, poner a la gente a bailar, pero lo interesante del caso es que para hacerlo han intentado replicar el ritmo del Twist; y su sonido abreva mucho en el primer Surf Rock -la guitarra de esta canción nos recuerda demasiado al sonido de Dick Dale-, y ese órgano Hammond intenta transportarnos a la rastra a mediados de la década del ’60. Es la onda retro que traía apareada consigo esta “Nueva Onda”, la New Wave que se había hartado de la Música Disco a finales de la década del ’70: “Estábamos en una fiesta, todos tenían toallas haciendo juego. Alguien fue debajo de un muelle, y allí vio una roca. Pero no era una roca… ¡Era una langosta rockera! ¡Langosta rockera!”. A la hora de cantar, el estilo conversacional en que solían acomodarse tanto Schneider como las dos vocalistas, Kate Pierson y Cindy Wilson, no sólo le daba dinamismo a las letras, imprimiéndole una aire de diálogo a todo lo que se cantara; sino que ha sido el sello mismo de esta banda. Tanto ha sido así, que aún los fragmentos más dramáticos de la letra suenan increíblemente divertidos: “Movimiento en el océano, la manguera de su traje de buzo se rompió. Un montón de problemas, un montón de burbujas. Él estaba atascado… ¡En una almeja gigante!”. 

La demencia de esta banda era tan grande que sus integrantes hasta llegaban a fingir un desmayo en escena cuando gritaban: “¡Langosta rockera! ¡Todos abajo!”. De todas maneras, toda fiesta esconde alguna tragedia. Y los B-52’s no son la excepción. Luego de actuar ante su mayor multitud, nada menos que en Rock In Rio, el guitarrista Ricky Wilson -hermano mayor de Cindy- contrajo SIDA; y no tuvo mejor idea que no decírselo a nadie. Murió de forma inesperada, mientras la banda grababa su cuarto álbum, dejándolos a todos devastados y sin ganas de continuar. Por fortuna, el baterista Keith Strickland pasó a cubrir su lugar como guitarrista, y continuaron para sacar un enorme disco como “Cosmic Thing” en 1989, del cual salen sus híper conocidos temas “Love Shack”, “Channel Z”, y “Roam”. La fiesta tenía que seguir: “Chicos en bikini, chicas en tablas de surf. Todos están rockeando, todos se están retorciendo alrededor del fuego. Divirtiéndose, cociendo patatas, cocinándolas con el sol”.


“Ponte tu protector de nariz, ponte el salvavidas; y alcánzame el bronceador”. Esta invitación a pasar un día en la playa termina por convertirse en una lírica demencial, que no pretende más que plasmar una tras otra imagen surrealista donde un supuesto fondo del mar se mueve al ritmo de un caos alucinógeno: “Aquí viene una raya, allí va una mantarraya; acaba de llegar una medusa. Allí va un pez perro, perseguido por un pez gato. Entró volando un pez gorrión. ¡Cuidado con esa piraña! Allí va el narval… ¡Y aquí viene la ballena en bikini!”. Las voces femeninas que dan vida a los imposibles animales marinos de esta canción están inspiradas –según la misma banda reconoció- en los gritos supuestamente artísticos de Yoko Ono, y curiosamente cuando este tema se editó fue escuchado por John Lennon, quien reconoció la influencia de su esposa y encontró en la canción la inspiración que necesitaba para volver a un estudio de grabación luego de cinco años de inactividad. ¡Feliz Deprimartes!

martes, 25 de abril de 2017

Capítulo 165: “Black Hole Sun”. Soundgarden. (1994)

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Deprimartes agujereado:

“Ya nadie canta como tú lo hacías”, dice un verso de esta canción; y en algo tiene razón: ya nada suena como sonaba el Grunge. Nacido a comienzos de los años ’90 en Estados Unidos, apareció por el mismo motivo que el Punk: un hartazgo absoluto hacia todo lo que se escuchaba por esa época. Fue otro intento del Rock por patear el tablero, sólo que esta vez no primaba la violencia originada en la seguridad de que no había un futuro; sino que el Grunge se dejaba ganar por la depresión oscura y con tendencia suicida que surgía ante una realidad carente de sentido. Y hubo tres bandas que fueron el estandarte de este movimiento: el Nirvana de Kurt Cobain, el Pearl Jam de Eddie Vedder, y el Soundgarden de Chris Cornell, quien hasta el día de hoy sabe imprimirle magistralmente un oscuro tono a su voz de casi cuatro octavas; lo cual lo convierte en una de las mejores voces del Rock de todos los tiempos. Chris siempre ha sido un sobrio cantante que logra una entonación elegante y sombría en su voz a la hora de contarnos cosas horrendas, como en esta ocasión en que nos relata la antesala del Apocalipsis.

“En mis ojos, indispuesto, y en disfraces que nadie conoce, se esconde el rostro, descansa la serpiente, el sol que brilla sobre mi desgracia. Calor hirviente, hedor del verano, bajo la oscuridad el cielo luce muerto. Di mi nombre cuando llegues al orgasmo y te haré gritar otra vez”. Así es: la felicidad absoluta sólo puede estar habitada por almas desgraciadas. Porque cuando esa felicidad tan imposible de alcanzar se transforma en realidad utópica nos convierte en seres disfuncionales: “Tartamudeando por el frío y la humedad, ven, cansado amigo, y róbate la cálida brisa. El tiempo de los hombres honestos se ha terminado, e incluso ya hace mucho que no hay más tiempo ni siquiera para las serpientes”.

“En cuanto a mí concierne, sólo soy un sonámbulo paseando mientras rezo para que mi juventud no me abandone. El Paraíso envió al Infierno muy lejos”. Cierta vez, conversando con un amigo, le comenté que para mí la posibilidad de que exista un Paraíso más allá de la muerte, en el cual estaremos obligados a ser felices todo el tiempo y durante toda la eternidad, no podría asemejarse más a la idea del Infierno. Y esa idea me recuerda a los habitantes de este videoclip icónico de los años `90, que viven condenados a ser felices. Aquí nos cruzamos con un grupo de alienados, que bien encajarían en cualquier secta, caminando con una pancarta que reza que el fin está cerca; lo cual es saludado con carcajadas radiantes por quienes se enteran de la Buena Nueva. Sus sonrisas fácilmente se desfiguran en muecas horrendas, más propias de la felicidad que inunda el rostro de los psicópatas cuando están asesinando a algún alma inocente. El idílico caserío de suburbio en el que habitan está plagado de colores saturados y de imágenes cotidianas de alegría inconmensurable. Tan poco soportable es esta alegría que sólo puede ser sufrida por los verdaderos monstruos que somos, aquellos que yacen debajo de nuestras falsas sonrisas. Monstruos que ansían terminar con su propia miseria cuanto antes, siendo tragados por ese agujero negro del cual, según propuso Einstein, ya nunca nada puede volver: “Sol del agujero negro, ¿por qué no vienes y te llevas esta lluvia? Sol del agujero negro, ¿por qué no vienes?”.


Una chiquilla que juega con sus muñecas lo que en verdad sueña es con calcinarlas sobre las brasas; un ama de casa cocinando es en realidad la dueña de un alma enferma que disfruta de blandir un cuchillo; una hermosa joven tomando sol no puede ser otra cosa más que un asqueroso reptil comedor de moscas; unos niños jugando en el jardín son sólo seres repugnantes que torturan insectos sólo por ser criaturas inferiores. Todos ellos le clavan los ojos a la cámara como quien mira a su futura presa: “Sostengo mi cabeza y ahogo mis miedos, hasta que todos ustedes por fin desaparezcan”. Yo haría lo mismo: escondería mi cabeza como un avestruz hasta que todo el mundo se termine… ¡Feliz Deprimartes!

martes, 18 de abril de 2017

Capítulo 164: “Little Talks”. Of Monsters And Men. (2012)

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Deprimartes volcánico:

Islandia es un país realmente muy extraño. Es una isla ubicada a escasos metros del Círculo Polar Ártico, cuya geografía magmática la convierte en una tierra de géisers, volcanes y glaciares. Estuvo encerrada en su propia historia –que hunde sus raíces en la Mitología Nórdica de Odín, Thor y Loki- hasta que finalizó la Segunda Guerra Mundial; y fue allí que empezó a abrirse al mundo. Además de Björk y de Sigur Rós, muy poco ha sido lo que se conoció musicalmente de Islandia, principalmente por este aislamiento orgulloso al que el país mira con orgullo. Aún así, de vez en cuando, esta tierra de mitos en los confines del mundo nos sorprende con expresiones como las de esta muy interesante banda, Of Monsters And Men.

Esta canción nos cuenta sobre lo que parece ser un diálogo entre una jovencita asustada y un muchacho de improbable valentía que intenta hacerla sentir más segura, viviendo en una casa abandonada como si fueran dos huérfanos: No me gusta caminar por esta casa vieja y vacía’, entonces toma mi mano y caminaré contigo, querida’. ‛Las escaleras crujen mientras dormimos, y eso me obliga a quedarme despierta’, ‛es la casa diciéndote que cierres los ojos’. ‛Y algunos días ni siquiera confío en mí misma’, ‘me mata por dentro verte de esta manera’”. La sensación de miedo e inseguridad es palpable en este relato. Y ese reflejo tan humano de querer sacar fuerzas de donde no las hay, cuando la oscuridad nos rodea. Así lo demuestra la siguiente frase, que las voces repetirán a dúo, como una letanía final, con un dejo de optimismo apagado: “Porque aunque la verdad pueda variar, este barco llevará nuestros cuerpos a salvo hasta la costa”.

El diálogo sigue, y las cosas comienzan a ponerse verdaderamente tétricas cuando se reconoce que ya no son dos los que charlan, sino tres. Hay una voz interior que parece querer volver a entrar en la partida: ‛Hay una vieja voz en mi cabeza que no me deja avanzar’, ‛bueno, dile que extraño nuestras pequeñas charlas’. ‛Pronto todo terminará y estará enterrado con nuestro pasado’, ‛solíamos jugar afuera cuando éramos jóvenes y estábamos llenos de vida y llenos de amor’. ‛Algunos días no sé si estoy en lo correcto o estoy equivocada’, ‛tu mente está jugándote trucos, querida mía’”. Más allá de los optimismos trillados y las verdades cambiantes, hay algo innegable. Cuando alguien grita en realidad está pidiendo auxilio: “No escuches ni una palabra de lo que te digo. Todos los gritos suenan iguales”. Parece el pedido de auxilio inocente de dos niños atenazados por el miedo, y que aún guardan un dejo de esperanza por ser rescatados…

Mientras tanto, el videoclip de esta canción toma envión en toda la mitología islandesa para dejar volar su imaginación y hacer de la vida un viaje aventurero a través del cual escapar de nuestras peores pesadillas. Aquí hay paisajes tan sombríos como fascinantes. Cielos opacos aprisionados por nubes de corazón negro. Montañas que parecen labradas por culturas hace mucho perdidas en el océano de las eras. Páramos habitados sólo por el hielo asesino y por una filosa nieve. Un lago oscuro que oculta antiguas ruinas y criaturas de espanto. Bosques infestados de seres que no están vivos, un desfiladero guardado por gárgolas amenazantes, volcanes en el horizonte que escupen sus miasmas al firmamento como si lo insultaran. Monstruos tiránicos que hacen la vida imposible tanto en el cielo como en la tierra como debajo de ella. Todo eso se puede superar, con un poco de esperanza; una esperanza con la forma de una mujer que irradia un brillo que no puede venir de nuestro mundo. Una niña con el cielo en los ojos, y con palabras que destruyen cualquier obstáculo: “Te has ido, te marchaste hace mucho. Vi cómo desaparecías. Todo lo que quedó de ti es un fantasma. Ahora ya estamos separados y distanciados, no hay nada que podamos hacer. Déjame ir, nos encontraremos nuevamente muy pronto. ¡No, espera! ¡Espérame, por favor; no te vayas! Te veré cuando me gane el sueño”. Tal vez todo haya sido un sueño. No hay forma de explicarse sino cómo es que la niña con el cielo en sus ojos, cuya sonrisa recuerda al brillo del oro, se convierte en la joya de la corona de un ser enorme, uno formado por aves de fuego. El mayor monstruo, el más fulgurante; uno al que los hombres primitivos seguramente terminarán llamando Dios… Si fue un sueño, vaya que fue bastante raro… Y hermoso… ¡Feliz Deprimartes!